Para entender el periodismo, lo primero, hay que saber distinguir entre dos conceptos muy importantes: las buenas noticias y las noticias buenas. Parecen lo mismo, pero son cosas radicalmente opuestas.
Las buenas noticias son las que habitualmente te vas a encontrar en las notas oficiales. Las otras, hay que trabajarlas mucho más a fondo, porque son aquellas que rescata el periodista de un olvido intencionado o de una ocultación.
Mientras las primeras son fáciles de obtener, las segundas vienen precedidas de una laboriosa investigación, porque siempre hay alguien detrás obstaculizando su publicación.
Lógicamente, en los periódicos lo que abundan, hoy en día, son las buenas noticias. Buenas para alguien en concreto, que esa es otra diferencia. Las buenas noticias apenas interesan a unos pocos, las noticias buenas suelen interesar a la mayoría de los lectores, aunque su contenido no tenga nada de bondadoso. Son éstas las noticias por las que merece la pena trabajar.
Las buenas noticias suelen tener utilidad, más allá de la mera curiosidad de las audiencias, utilidad para alguien. Las otras, simplemente, enriquecen a la mayoría en su conocimiento, sin empobrecer a nadie. Lo que ocurre es que, con demasiada frecuencia, las noticias buenas resultan ser pésimas noticias para alguien en particular.
¿Piensa alguien que estoy hablando de política? Pues ha acertado.
José Manuel Fernández Ruiz - 09-04-2012 12:59:18 | Categoria:
Reportajes
No deja de sorprenderme la televisión pública y su contribución a los estándares culturales del país, en estos tiempos que corren. Seguramente será la crisis, que provoca escenarios inverosímiles, a falta de una respuesta intelectual sobre la mayoría de los nuevos acontecimientos que nos ha tocado vivir. O será que, instintivamente, buscamos respuestas en sucesos ya conocidos, como aportación al nuevo mundo que se nos viene encima.
Puede ser el caso de la reportera de un programa nacional de TVE, que no tenía reparos en relacionar el diseño innovador de un bikini, por su almohadillado movible para resaltar el busto, con las insospechadas y variadas actividades que sugieren unas vacaciones. El nuevo y atractivo traje de baño sirve, al parecer, para relajarse en la playa, sentirse atractiva, salir a cenar, descansar de un día agotador o, incluso, leer un libro. Como lo oyen, todo un invento revolucionario.
En la relación de usos que le vino a la mente a la comentarista incluyó aquellos que consideró de mayor disparidad para hacer efectiva la demostración de calidad del producto. Un alarde de ingenio, que hizo extensible a todo tipo de labores insospechadas para ella, como la lectura.
Realmente, nunca antes tuvieron tantas aplicaciones esas minúsculas prendas femeninas para el baño como esta que nos muestran ahora, con almohadillas desmontables para resaltar el pecho. La multiplicidad de usos del bikini nos hace pensar que no solo debe ser recomendable para el baño de la población femenina, sino también para promocionar entre ellas una afición tan estrafalaria, por lo poco común, como la lectura.
Para que luego digan que la televisión española no cumple con fidelidad los cometidos de innovación y divulgación de los valores intelectuales que tiene asignados por los poderes públicos. Si entre las aplicaciones del bikini se incluye la lectura, ya me dirán hasta donde no se habrá podido llegar con la archiconocida compresa con alas. Sin abusar, claro.
José Manuel Fernández Ruiz - 23-03-2012 09:48:27 | Categoria:
Artículo
La tendencia de algunos medios de comunicación a mostrar abiertamente, y defender con ahínco, sus postulados políticos, se esta convirtiendo en argumento definitivo para alejar a muchos ciudadanos de la lectura de periódicos. Se trata de una afirmación discutible, porque pueden existir otras causas del creciente desinterés por los contenidos informativos de los medios, pero creo no equivocarme al señalar que demasiados indicios apuntan en esa dirección.
Los proyectos editoriales se apoyan cada vez más en criterios diferentes a los meramente informativos, es decir, al rigor y la calidad del producto. Adquieren importancia en los contenidos, factores ideológicos, comerciales, incluso fiscales, y otros difíciles de precisar, que no se anotan en la cuenta de resultados pero que crean sinergias para, finalmente, también favorecer los balances económicos. En cambio, en esos supuestos con frecuencia se resiente la credibilidad.
Resulta curioso analizar y difícil de argumentar la motivación de un fenómeno cuyo resultado suelen ser unos contenidos de calidad deficiente. Si en una información solo se utilizan los argumentos de conveniencia para lograr la tesis favorable a nuestros deseos, el resultado siempre será un fraude para la audiencia, un engaño que los ciudadanos terminarán por reconocer y despreciar. Y cuando eso ocurre, todo el mundo informativo queda en entredicho, amenazado por la misma sospecha de parcialidad.
Si un evento no es calificado de éxito porque su autor o protagonistas no participan de la misma tendencia ideológica del medio o, por el contrario, cuando la actuación mediocre de algún personaje de la actualidad recibe siempre una valoración positiva, o neutra, simplemente porque forma parte de la tribu protegida por el medio en cuestión, suelen ser ejemplos de ese género manipulado tan en boga, con el que se pretenden construir realidades paralelas muy a conveniencia de los interesados.
Y es que las informaciones defectuosas solo generan confusión y repulsa. Además, las estrategias de atacar al adversario político mediante noticias de prensa sesgadas introducen graves riesgos de credibilidad, no ya en la sección política, sino en el conjunto de los contenidos del medio. No se puede dejar de dudar de un periódico si se observa escasa imparcialidad en el tratamiento de determinadas noticias. Si un medio falta a la objetividad en una sección ¿por qué no pensar que también lo hará en todas las demás?
El fenómeno resulta más apreciable en los finales de ciclo, en que las posturas se radicalizan. Ya la lectura de los resultados electorales es recibida con rencor, si la apuesta del medio no ha resultado ganadora, lo cual vendría a denotar un interés suplementario al meramente informativo. Los ciudadanos advierten la parcialidad y, si en momentos de tensión o angustia, esa parcialidad contribuye a sumarles a la causa, una vez finalizado el proceso electoral les aleja del medio.
Pero no solo las informaciones de contenido político se ven salpicadas de ese cariz tendencioso que siempre lanza sus dardos en la misma dirección. Al final, todo el medio se ve imbuido de una única interpretación de los hechos, de manera que llega a construir un universo completo bajo esa concepción. El conjunto resultante vendría a configurar un escaparate irreal que acabará por cansar al lector o espectador y hacerle desistir en su seguimiento del medio.
En los bajos índices de lectura de la prensa siempre aparecen motivos coyunturales, económicos y culturales, pero rara vez los editores reconocen que, simplemente, pueda tratarse de una deficiente calidad del producto que comercializan. El ideario de los medios es lícito y debe ser defendido públicamente, lo cual a menudo deriva en un periodismo combativo que no deja de ser crítico en su análisis de los hechos.
Lo otro no es más que pura manipulación informativa, material contaminado.
Para mi sorpresa, al cierre de urnas esa televisión pública no ofreció ninguna encuesta como avance de resultados. En las últimas elecciones siempre lo había hecho. En su lugar, un espacio gastronómico de “España directo” ensalzaba las virtudes del pulpo a feira. Entonces comprendí que había ganado el gallego Rajoy.
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Ciertamente una vez, alguien trató de menospreciarme con el apelativo de gallego, lo cual resultaba una paradoja, viniendo de quien venía.
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El problema de los políticos no siempre resulta ser la corrupción. La mayoría de las veces simplemente es ineptitud. Si a eso unimos la altanería, se produce un cocktail explosivo y, sobre todo, insoportable. Tomen nota, por favor.
* * * * * * En periodismo, contrariamente a lo que piensan muchos, la tarea más importante es la selección. La selección con criterio. Ningún medio debe pretender abarcar todo el espectro informativo, sino solo las noticias. Lo otro es estupidez, con el agravante de que, además, pone en peligro los puestos de trabajo. De ahí la importancia de que la gestión de los medios esté en manos de profesionales competentes.
* * * * * * Me he enterado tarde y por eso no he podido expresarle mi tristeza a la familia. En cualquier caso, promover un homenaje al difunto constituye un exceso. Los que lo hacen, en realidad lo reclaman para sí mismos, para cuando les toque a ellos. Por eso, casi mejor la impostura del silencio, aún a riesgo de desterrar las virtudes de lealtad al compañero, fidelidad a la esposa y compromiso al ideario. Así la indecencia sería completa.
* * * * * * Aquí quedarán desarbolados sus sicarios, huérfanos unos, indigentes otros, perjudicados los más. Yo soy de los que piensan que, en el fondo, solo es un tonto útil, amamantado por una camarilla de desaprensivos. La falta de personalidad, su inseguridad enfermiza y rencorosa, han hecho el resto. Tampoco se le puede pedir actitud ética a quien ha crecido en ese ambiente, sin otra base intelectual. En fin, un juguete roto más que añadir a la colección que deja atrás la historia mezquina del sector.
* * * * * * El Día del Patrón de los Periodistas se celebró en Jaén con más pena que gloria, como muy bien apuntaba un periódico local. Pena, en el recuerdo de los despidos que ese mismo periódico viene practicando de forma indecorosa. Y gloria, por coincidir la fecha gozosa del centenario del colectivo con la fundación del Colegio de Periodistas de Andalucía, todo un hito para la profesión.
* * * * * * No somos una especie capacitada para escoger el equipaje con que debemos viajar. Casi siempre nos solemos aprovisionar de lo sentimental, que normalmente resulta ser poco útil. Por lo demás, la vida es un viaje permanente de descubrimientos y purificación.
* * * * * * Un colega me habla del espíritu, de la antimateria de José Tomás. La cumbre del arte, según él, carece de cuerpo, todo es esencia. La levedad de su ser, sin embargo, se ve compensada por el alma inmensa que muestra en la plaza. Como telares que tejen los rayos del sol, los toros en la madrugada urden velas de oro y púrpura.
Jaén volverá a quedar recluida en las páginas de sucesos si se marchan los periodistas o los echan. Las repercusiones laborales de la crisis, no lo dude nadie, pueden ser el preludio de un panorama desolador para el sector en la provincia.
Al fenómeno de la concentración de medios, como maniobra especulativa para convertirlos en empresas económica y políticamente rentables, ha seguido el de la sucursalización del sector en las regiones menos desarrolladas. No es una cuestión nueva pero en estos momentos parece agudizarse.
Cada vez resulta más difícil encontrar periódicos que se impriman en ciudades pequeñas. Las redacciones se extienden en un territorio como una tela de araña, pero la composición final del periódico se hace en otro sitio, siempre distinto de donde se redactan y valoran las noticias locales. Lo mismo que las decisiones importantes. Los redactores quedan relegados, cada vez más, de las secciones importantes si no residen en los centros de mando.
Y es que la información constituye siempre un reflejo del poder. Pero si se configura como un poder en sí misma, la sucursalización informativa aleja a los ciudadanos de los centros de decisión. Dicho de otra manera, ninguno de los grupos mediáticos que operan en Jaén pertenece a esta tierra. Por lo tanto, la provincia nunca constituirá una prioridad para ellos pese al interés de los periodistas para que así sea. Los que mandan son otros o están en otro sitio.
Nunca antes los periodistas nos habíamos sentido tan distantes de los medios y sus contenidos como ahora. Nunca como ahora los medios de comunicación social públicos se nos antojan tan imprescindibles. No solo por motivos de supervivencia profesional.