José Melgares: "El celibato no es un impedimento para las vocaciones religiosas"
José Manuel Fernández Ruiz - 28-08-2005 00:00:00 | Categoria: Entrevistas
A este sacerdote de 75 años ya le ha tocado jubilarse dos veces: la primera de la enseñanza, hace diez años, y la otra ahora, de su cargo de canónigo de la Catedral de Jaén, aunque en realidad en ninguno de los casos le haya supuesto la inactividad definitiva de muchas de sus ocupaciones. José Melgares Raya sabe perfectamente que eso resulta imposible para la mayoría de los curas, porque en esa profesión siempre le quedarán buenas cosas que hacer y la plantilla, desgraciadamente, no puede decirse que sea muy numerosa.
Durante 38 años ha permanecido José Melgares vinculado a la actividad docente del Instituto “Virgen del Carmen” de la capital, como profesor de Religión, prácticamente desde la fecha en que fue ordenado sacerdote. Paralelamente, ha desarrollado también una intensa labor docente en el Seminario Diocesano, en la formación de nuevos sacerdotes. Un trabajo siempre relacionado con los jóvenes, de una u otra manera, que no le ha faltado, como tampoco sus deseos de desempeñarlo con la mayor eficacia.
JUBILACIÓN VIENE DE JÚBILO
Por eso ahora la jubilación no le pesa. “Jubilación viene de júbilo, que significa alegría, porque en cierto modo es una satisfacción llegar a este momento después de haber servido a los demás”, dice él, aunque la realidad es que sigue trabajando, y lo hace en una de las actividades que más le compensa intelectualmente: “Sigo trabajando en el Archivo de la Catedral, donde he estado de canónigo exactamente veintiocho años, como archivero capitular, que es la parte de documentación que se refiere al Cabildo de la Catedral”.
Como sacerdote, ha desempeñado asimismo otros muchos cargos. Fue coadjutor de la parroquia de Cristo Rey desde su fundación, en el año 1955, al tiempo que dirigía otros movimientos, como las Hermandades del Trabajo, Jóvenes de Acción Católica o la Adoración Nocturna, “en la que se materializaron varias vocaciones”.
VINCULADO A BAEZA
Además, seguirá como capellán del Sanatorio “Cristo Rey” y, como no, atendiendo el servicio religioso de la Catedral de Baeza, la ciudad que le vio nacer y la que le sigue evocando los mejores recuerdos. “En su parroquia de San Andrés celebré mi primera misa, sin duda el mayor acontecimiento de mi vida. En Baeza arrancó mi vocación, a los nueve años de edad, y a esa ciudad sigo vinculado, desde que me ofrecí al obispo para atender su Catedral, hace veintiséis años. Antes de esa fecha, este magnífico templo apenas abría sus puertas tres días al año. Luego ya se normalizó el culto”.
José Melgares, en realidad, no concibe que ningún cura se jubile plenamente, y por supuesto tampoco en su caso, entre otras razones, porque la nómina de sacerdotes ha decrecido sensiblemente en los últimos años, mientras el trabajo no deja de aumentar. Recuerda, a este respecto, que en su época joven el Seminario tenía, aproximadamente, quinientos alumnos (trescientos el de Jaén y doscientos el de Baeza). En la actualidad, cursan esos estudios en la provincia solamente treinta y dos seminaristas.
LA FALTA DE VOCACIONES
Melgares Raya observa una cierta relación entre la falta de vocaciones y la circunstancia de que los sacerdotes deban jubilarse más tarde, o no puedan hacerlo. El ejemplo de don Rafael Valdivia, un sacerdote ya anciano que siguió ejerciendo como coadjutor en la parroquia de San Ildefonso hasta el día de su muerte, podría ser representativo de esa situación.
“Al haber menos vocaciones hay más trabajo –señala José Melgares—. No se puede decir me jubilo para no hacer nada. Ahora entran, anualmente, dos o tres alumnos, y teniendo en cuenta la edad de los sacerdotes jubilados y los que fallecen, la realidad es que quedan muy pocos. Esta es una grave preocupación de la Iglesia, no solamente de Jaén”.
Respecto a las causas, indica que habría que buscarlas “en este mundo que nos rodea, materializado completamente, y al relativismo que se acusa por todas partes, es decir, a la pérdida de valores fundamentales de la vida. Porque no se puede pensar que sea simplemente una especie de miedo ante el trabajo que desarrolla un cura. Yo le preguntaba a los alumnos, incluso de los cursos superiores, siendo yo profesor, si por ejemplo se aboliera el celibato habría más vocaciones. Y decían ellos que no. No hay más vocaciones porque, simplemente, no quieren ser sacerdotes, no porque el celibato sea un impedimento. Antes, cuando un joven decía a sus padres que quería ser seminarista, era un gozo para la familia. Ahora, en cambio, no digo que quieran quitarle la vocación, pero no la impulsan”.
VIRTUDES Y DEFECTOS
En cualquier caso, las virtudes que deben destacar en un sacerdote, considera que no han variado con el tiempo. “Deben ser, lo primero, la bondad, la sencillez, la caridad, el acercamiento a los otros, especialmente a los pobres, los necesitados, los ancianos, los que padecen. También, el espíritu apostólico, trabajar continuamente, no cansarse. Puede tener el sacerdote, como todo el mundo, momentos de desorientación, pero que el cansancio no derive en otra cosa”, opina José Melgares.
Por el contrario, los defectos guardarían relación con “su apego a las cosas materiales, al dinero, y a su apetencia de cargos o responsabilidades”, en lugar de la actividad que la sociedad espera de él. No lo considera un defecto, pero confiesa que soporta mal el enorme papeleo que deben formalizar los sacerdotes en la actividad parroquial, lo dice a modo de autocrítica.
No considera, por otra parte, que puedan establecerse diferencias de actitud entre los sacerdotes jóvenes y los de mayor edad u otra época. “Muchas veces se piensa que los jóvenes deben estar más encarnados o insertados, como se dice ahora, en la sociedad. Y quizás por eso distinguen entre sacerdotes viejos y modernos, es decir, que participan más en la vida social. Yo creo que eso no es necesario. Las virtudes que enumeraba sirven lo mismo para los viejos que para los jóvenes. Eso es lo que nos hace sentirnos felices con la vocación que hemos recibido”, opina al respecto.
LA SOCIEDAD, LA IGLESIA Y LOS JUBILADOS
Desde su perspectiva, considera que la sociedad está más concienciada ahora sobre la atención que reciben los mayores, en cuanto a medios materiales y asistenciales. No así en el plano afectivo:
--“El anciano, el abuelo, era el patriarca de la familia, y los hijos y demás miembros, vivían en torno a él. Hoy no. Hoy debido a razones que pueden ser más o menos convincentes, como la falta de vivienda, se piensa en cómo poder colocarlos (fuera del domicilio familiar). Se les considera como una carga que hay que soportar, a veces de forma muy difícil, por falta de vivienda, por falta de espíritu de sacrificio. Parece que sobran en las casas, que no son necesarios como antes”.
Para él, resulta muy significativa la tristeza de un anciano conocido, residente en el centro de las Hermanitas de los Pobres de Jaén, que atesora el poco dinero que le queda de su pensión a final de mes, para llamar por teléfono a sus hijos, “porque ellos nunca le llaman”.
El planteamiento, trasladado al ámbito de la Iglesia y los sacerdotes ancianos, puede no ser comparable:
--“Ahora, es completamente imposible que usted encuentre una diócesis de España donde no haya una residencia para sacerdotes ancianos, o bien que estén solos, incluso para jóvenes, porque no tienen familia o están en ese lugar en tránsito. Yo creo que la Iglesia también ha evolucionado a favor de los sacerdotes mayores para que estén bien atendidos”.
LOS ARCHIVOS COMO HISTORIA VIVA DE LA IGLESIA
De su actividad como archivero capitular de la Catedral de Jaén, José Melgares ha mostrado siempre un especial interés por los temas históricos de la provincia. Ha publicado numerosos artículos sobre estudios al respecto. La propia actividad archivística, la preocupación por los archivos le llevó a proponer al obispo, en su condición de profesor del Seminario, que fueran incluidas dos asignaturas sobre el tema en el plan de formación de los futuros sacerdotes. Archivística y Paleografía figuran desde entonces en el programa que se imparte en Jaén, a diferencia de lo que ocurre en otras diócesis españolas.
Con la enseñanza de estas materias se pretendía que los sacerdotes, una vez destinados en sus parroquias, se preocuparan de los respectivos archivos y valoraran “la importancia que tienen y su riqueza, como una joya, lo mismo que un cuadro o una imagen, y consiguientemente, se lograra infundir en ellos el deseo por la investigación. Porque los archivos son la historia viva de la Iglesia, y de ahí la importancia de que los entiendan y los aprecien”.
Considera que, por regla general, la mayoría de los archivos parroquiales de la provincia están bien conservados, con la excepción de aquellas parroquias que no tienen sacerdote. “De un tiempo a esta parte –señala José Melgares-- ha habido mayor preocupación por atenderlos, porque son una fuente de información de la historia magnífica. Lo tienen todo: libros sacramentales, libros de cuentas, libros de fundaciones de obras pías, etc. Son impresionantes”.
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