Manuel Ruiz Frias: "El servicio de correos funcionaba antes infinitamente mejor"
José Manuel Fernández Ruiz - 04-09-2005 00:00:00 | Categoria: Entrevistas
--“Seguramente, la dignidad profesional te obliga a abandonar un poco a tu familia”
Las estrechuras económicas de los primeros años, aquel sueldo de sesenta pesetas al mes de finales de los años cincuenta, el trabajo agotador en Madrid, nada en los recuerdos de Manuel Ruiz Frías le han hecho variar el sentimiento de pertenecer a la profesión más hermosa del mundo, la de cartero urbano, a la que volvería con los ojos cerrados si el destino le permitiera recuperar los últimos cuarenta y tantos años de su vida.
Hoy, con 71 años, es un hombre satisfecho de su trayectoria en Correos, que ha decidido volcar buena parte de sus energías en la labor de ayuda a otras personas que, como él, pueden mirar la jubilación como una etapa, si no activa, sí provechosa. Y ello a través de la Federación de Organizaciones Andaluzas de Mayores (FOAM), de la que es delegado en Jaén, una ONG que agrupa a más de diecisiete mil mayores de toda la provincia.
La vida laboral de Manuel Ruiz se inicia en Madrid, como cartero interino. Posteriormente, fueron las oposiciones al organismo de Correos y los siguientes pasos como administrativo, ejecutivo de Correos, y las etapas laborales en La Puerta de Segura y Barcelona, para, por último, acceder a la dirección de la Caja Postal en Úbeda, donde permaneció durante veinticinco años, hasta la jubilación reglamentaria de los 65 años. Eran sin duda otros tiempos, cuando el servicio de correos era otra cosa en España.
EL CORREO NO ES LO QUE ERA
Habla del tema no sin cierta tristeza: “El servicio de correos estaba muchísimo mejor que ahora, infinitamente mejor. Era un servicio buenísimo, con una rapidez increíble. Enviabas una carta desde Madrid, y al día siguiente, a las once, estaba en La Puerta de Segura. El correo en lugar de avanzar, lo veo que se ha venido abajo en cuanto a calidad del servicio”.
Si la época más difícil fue para él la de cartero interino y opositor en Madrid, la que recuerda con especial simpatía fue la de sus años al frente de Caja Postal en Úbeda, un puesto que le ha permitido “tener amigos en todas partes” y particularmente, entre los ochocientos jubilados de la ciudad que recibían su paga a través de esa oficina, lo que la convertían en “la más social de las entidades financieras” de la ciudad. Por esa razón, aún no llega a entender porqué el organismo de Correos se desprendió de un servicio bancario “que llegaba a todos los rincones de la provincia con una gran eficacia”.
Luego vino la jubilación, un período para el que, Manuel Ruiz Frías, confiesa que estaba preparado. “Desde que ingresé en el cuerpo de Correos tenía asumido que algún día llegaría la jubilación. No ha supuesto para mí ningún trauma, ni ningún tipo de depresiones, lo venía asimilando desde bastante tiempo antes. Sabía que, a nivel de ingresos, lo iba a notar, como les pasa a todos los jubilados. Siempre se nota. En cuanto a las expectativas, nunca pensé en trabajar después de jubilarme. Sí pensé en desarrollar alguna actividad de tipo social, para poder hacer algo por alguien. Pero trabajar, no”.
EMPEZAR A VIVIR
Es más, en un momento llega a decir que el hecho de jubilarse le hace “empezar a vivir”. Es decir, disponer de más tiempo para su persona. “Ha significado un relax y empezar a vivir bien. Puedo estar con los amigos, un café, una partida si es el momento, un viaje, la caza. En definitiva, ahora puedo hacer todo aquello que no hice cuando estaba trabajando, que de eso se trata”.
Y entre esas cosas, no descubiertas pero sí recuperadas, está la familia. “Ahora ayudo a mi mujer –afirma Ruiz Frías—que bastante me ha ayudado ella a mi a lo largo de toda la vida. Cuando trabajaba dediqué todo mi tiempo al trabajo y quizás abandoné algo a mi familia. Seguramente, la dignidad profesional te obliga a abandonar lo tuyo”.
No se muestra muy tajante, en cambio, al opinar sobre cómo trata la sociedad en general a los jubilados: “Yo creo que bien”, dice, para inmediatamente corregir: “Posiblemente cuando pasen diez o veinte años la cosa mejorará, la gente los tendrá más en cuenta. Ahora parece que cuando una persona está jubilada ya no sirve para otra cosa. El estar jubilado significa tener una edad que es irreversible, una edad a la que todos tenemos que llegar. Cuando llega a mi un jubilado trato siempre de estimularlo de esta forma, porque la sociedad parece que nos margina un poco”.
LA UTILIDAD DEL MAYOR
Defiende la utilidad de los mayores porque son “un punto de referencia para los jóvenes. El joven se debe mirar en el mayor, porque ha sido el que, digamos, ha tirado primero de la soga”, es decir, el que le tocó asumir primero la responsabilidad de sustentar a la familia. Por eso considera que es un error jubilar a las personas tan jóvenes sin aprovechar su experiencia. Viene a decir que la persona mejor preparada no siempre es aquella que tiene un mayor nivel de estudios, sino la que ha sabido desempeñar mejor la función que tenía encomendada. “No se puede decir, como se ha dicho ahora, que se va a prejubilar a muchos funcionarios para poder poner en su lugar a gente preparada. ¿Acaso la gente que hay ahora no está preparada?”. Eso sí, defiende la necesidad del aprendizaje continuo: “Como dice el refrán: muriendo y aprendiendo”. Sólo llega el final con la muerte.
Para Manuel Ruiz Frías, no obstante, el gran problema de los jubilados, de su dignidad social, tiene mucho que ver con la cuantía de las pensiones que perciben. “Lo veo mal. Habría que revisarlas, empezando por las más bajas. Una persona no puede vivir con sesenta mil pesetas al mes. El caso de las viudas es peor, es una pena. Las pensiones mínimas son una pena. Yo creo que la pensión mínima debía estar en unas ciento cincuenta mil pesetas. No es que se puedan hacer grandes cosas con esa cantidad, pero al menos permitiría vivir dignamente a las personas”.
NI TANTO NI TAN POCO
Los cambios sociales que ha vivido nuestro país durante los últimos años los valora de forma positiva, con alguna objeción. “Todo ha cambiado y veo que, ni tanto (cerrazón) como antes, ni tan poco (respeto) como ahora. La cosa no se ha llegado a poner en un término medio. La libertad, la democracia la veo bien, pero debía practicarse de otra forma. Porque lo que yo estoy viendo ahora es casi una democracia dictatorial”.
Manuel Ruiz Frías explica, al hilo de esa opinión, que uno de las equivocaciones de la sociedad moderna radica en no haber sabido inculcar a los jóvenes el respeto a los mayores. “Es posible que la culpa haya que buscarla en el seno familiar. El respeto es fundamental para la convivencia. Es muy importante. Ahora a los mayores, que quedan impedidos, nos los quitamos de en medio. Eso no ocurría antes”.
LA FOAM, UN COLECTIVO SOCIAL INFLUYENTE
La Federación de Organizaciones Andaluzas de Mayores (FOAM), de la que es delegado en Jaén Manuel Ruiz Frías, fue creada en 1990, a raíz de un encuentro celebrado en Benalmádena, donde se planteó la necesidad de articular los deseos de participación de las personas jubiladas y facilitarles un instrumento para exponer sus demandas. Así, entre sus principales objetivos, está proponer medidas de solución a los problemas de los mayores, para elevar sus condiciones de vida. Ese fue, precisamente, el propósito de uno de sus últimos manifiestos entregado a la Administración en Madrid, donde reclamaban la mejora de las pensiones más bajas.
En la provincia de Jaén existen federadas un total de 60 asociaciones de mayores, con unos 17.000 socios en su conjunto. Ruiz Frías cifra en un 75 por ciento el porcentaje de hombres asociados, por sólo un 25 por ciento de mujeres que se va incrementando con el paso de los años, en un nivel de participación que crece al mismo ritmo que lo hace la presencia social de la mujer. Un porcentaje también elevado de socios son matrimonios entre sí. La extracción social es amplia, aunque predominan los trabajadores.
En cualquier caso, se trata de la organización de mayores más importante e influyente de Andalucía, según declaración del propio Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
Destacan, entre sus actividades, los programas de ayuda mutua que les permiten actuar como voluntarios. En estos momentos, unos 350 asociados de FOAM acompañan o ayudan a otras tantas personas mayores que lo necesitan en actividades cotidianas. Existen también centros de día, residencias y las instalaciones de las respectivas asociaciones locales, que funcionan con el mismo fin. Paralelamente, organizan también actividades lúdicas y viajes y todo aquello que les permita asumir una conciencia de su realidad como colectivo social.
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