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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

Jiennenses de fuera




JIENNENSES DE FUERA



Un grupo entusiasta de jiennenses residentes en Córdoba, acaba de constituir la Casa de Jaén en esa ciudad, y estos días están presentando sus proyectos a las instituciones de ambas provincias. Entidades parecidas funcionan ya, desde hace años, en distintos puntos de Andalucía. Incluso en otras regiones también está muy presente Jaén.

En Madrid, el colectivo de emigrantes del Santo Reino, creado a partir de la Casa de Úbeda, dispone de un magnífico local que en tiempos fue residencia del presidente del Consejo de Ministros, a finales del diecinueve. Hacen veladas literarias, con motivo de algunas fiestas, conferencias sobre las romerías de mayo o tertulias sobre la Semana Santa. En un destacado rincón, se pueden degustar ochíos y embutidos de la tierra.

De alguna manera, los emigrantes se sienten un grupo social, con la causa común de haber compartido muchas de las cosas por las que los humanos expresamos más aprecio: el paisaje, las costumbres y muchas formas de interpretar las vivencias. En definitiva, la cultura de lo más cercano, la que impregna los primeros años de existencia y permanece intacta en la memoria, y crece incluso con el paso de los años.

Los jiennenses de fuera son los que se marcharon y desearían volver, después de muchos años de ausencia, pero al mismo lugar y al mismo tiempo que dejaron atrás. No son emigrantes de patera ni debieron saltar ninguna verja. Mantienen unos lazos muy firmes con la provincia. Unos se fueron por imperativo de la propia vida, otros por voluntad de abrir unos nuevos horizontes que, al final, les anclaron en otros lugares. Ahora no pueden volver, aunque quisieran, o no quieren, aunque puedan hacerlo.

Por eso a estas alturas, sólo les mueve la reivindicación de lo propio, como una autoafirmación del orgullo que sienten por las cosas de Jaén. No se trata de personas melancólicas, ni entristecidas. Por el contrario, siempre se les ve orgullosos de hablar de su tierra, de rivalizar en el cariño a su pueblo, a su comarca. La Casa de Jaén será así el escenario propicio para largas conversaciones donde se reviva, quizás artificialmente, cosas que sólo quedan en el recuerdo de los que se marcharon hace años. Pero cualquier excusa es buena, si se trata de hablar de lo propio, de cosas que, en algunos casos, no han conocido ni los propios hijos, pero que quisieran que éstos hubieran disfrutado también.

A estos jiennenses les une el presente, pero también el pasado, que les pertenece como un patrimonio al que no están dispuestos a renunciar. Seguramente porque, sólo ellos, los ausentes, han sabido retener el alma de las cosas con la voluntad del que nunca quiere desprenderse de su verdadero origen, ese cordón umbilical que nos redime del olvido.

Si les oímos, todo sigue igual en Jaén, parece que nadie ha tocado las cosas, las calles, el paisaje, desde que se marcharon, que nada hubiera cambiado en treinta años. Y puede que en algunos casos, lo digan con toda la razón. Entre ellos, nunca oí hablar de política, ni de rencores. Nunca se excluye a nadie, la palabra de un paisano sigue valiendo mucho.

Mientras a ellos les tienta volver a aquello que dejaron hace muchos años, a otros nos tienta marchar, para compartir esa mirada de afecto que aún les queda de Jaén.


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