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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

Veinte años no es nada

Como la letra del tango, veinte años después nos miramos al espejo para ver qué somos, es decir, cómo nos ha sentado nuestra adhesión a la Europa de los mercaderes, porque fue éste, sin duda, el acontecimiento más importante que cabe anotar en la historia reciente de nuestro país y el que más repercusión ha tenido, si nos referimos al bienestar doméstico de los ciudadanos. Y lo ha sido también para las infraestructuras que tanto ha reclamado Andalucía, aunque todo siga siendo insuficiente.

Mientras, nuestros parlamentarios y funcionarios destacados en Bruselas andan preocupados por el déficit informativo que tienen los ciudadanos, y la prensa española en general, respecto de los asuntos comunitarios. Ya se sabe: tan lejos aquello y tan arenosa la literatura legislativa.

Lo que ocurre es que aquí y ahora todos nos declaramos encendidamente europeos, sobre todo cuando indagamos sobre el montante de las ayudas que recibe el sector agrario, el olivar, se entiende. En realidad nadie se preocupa por saber de donde viene el dinero, ni quien ha decidido que esto funcione así y, lo que es peor, hasta cuando durará. Pero mientras tanto, todo bien. Es decir, por abreviar, el déficit sólo lo anotamos en el orden participativo. Europa sólo es dinero, y cuando falte, dejará de ser lo que ahora pretendemos que sea. Al fin de cuentas, los españoles no somos muy diferentes a los alemanes, belgas o franceses.

Los europarlamentarios luchan contra la tentación de los gobiernos de echarle la culpa a los organismos comunitarios cuando las cosas no salen bien, o el presupuesto no les llega y, sin embargo, se apropian de la buena gestión que llega de allí. Por lo que se ve, en todas partes cuecen habas.

Sin embargo, la dinámica política es allí diferente, eso también llama la atención. La crispación, si existe, la disimulan muy bien. El rifirrafe tan habitual aquí, en Bruselas se vuelve baile de salón. Todos dicen apuntar en la misma dirección, todos anteponen el pasaporte español, el interés nacional, a cualquier otra consideración. He visto conversar amigablemente a nuestro paisano Cristóbal Montoro con una diputada socialista que, además, se dejaba convencer, y coincidían ambos en que la crisis institucional europea (ya saben: lo de la Constitución que no termina de avanzar) guarda más relación con la crisis económica que sufre el viejo continente que con la frialdad política de sus habitantes. Pero, claro, quieren avanzar aunque no demasiado. Un lío, pero ellos se entienden.

La pedagogía para explicar la política europea no ha existido, porque en realidad Europa, más que un proyecto colectivo, es un conjunto de intereses, la mayoría de las veces no coincidentes, aunque la gestión no se limite al reparto de fondos. Ese es el mensaje que ahora quieren hacer llegar a los ciudadanos de este rincón de Europa, situado al sur, que es Andalucía. Es el mensaje que antes recibieron los países ricos. Y lo es porque comienza a avistarse lo irremediable. Dicho de otra manera, llega también para nosotros el momento de la solidaridad. Si se cumplen las previsiones, vamos a seguir siendo el segundo país receptor de fondos procedentes de la PAC (Política Agraria Común), aunque de otra manera, que es como decir que se cierra el grifo, sin el como. Y claro, visto así, veinte años no es nada.


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