Los errores del olivar
José Manuel Fernández Ruiz - 13-01-2006 12:37:10 | Categoria: General
Con el mismo carácter cíclico de los acontecimientos luctuosos, a menudo asistimos a la crisis de alguna empresa oleícola de Jaén, casi siempre dedicada a la comercialización y, con demasiada frecuencia, sustentada por la producción de un elevado número de agricultores, cautivados en un determinado momento por la utopía cooperativista y las oportunidades que ofrece un mercado tan tentador como poco fiable. Se trata de quiebras económicas, en muchos casos derivadas de proyectos sin una base financiera sólida que, desde sus estructuras, nunca contemplan los riesgos del fracaso como una posibilidad cierta, pero en cambio sí aceptan de buen grado los beneficios cuando éstos de producen.Consideran los olivareros que su renta, es decir, el fruto de su cosecha, más el importe de la subvención europea, siempre debe quedar a salvo cuando la aventura comercial sale mal, aunque no hagan ascos al dinero extra cuando rara vez el éxito corona la gestión de sus dirigentes. Y no saben que, con ese planteamiento, no hacen sino minar aún más la base económica del sector al que dicen defender.
Hemos venido siguiendo, a través de los medios de comunicación, los episodios de la quiebra de una importante firma comercializadora de la provincia de Jaén, organizada a partir de un grupo de cooperativas. Entre otras cuestiones, se ha venido repitiendo con insistencia una música de reproches que resulta familiar: la responsabilidad la reparten por igual entre los banqueros, los políticos y los dirigentes “corruptos” de turno, a los que, sin embargo, seguían a ciegas hace apenas unos meses, ante las promesas de beneficios infinitos. Luego, a esa música, como es lógico, ha seguido el llanto de los engañados que con tanta frecuencia entonan los cooperativistas cuando se trata de pagar, mucho más cuando se debe hacer frente a un fiasco económico producto de una mala gestión o una gestión equivocada. Hablamos de un proyecto económico que, como otros muchos del sector, tenía los pies de barro y ellos lo sabían, o al menos tenían indicios suficientes para saberlo.
Siempre se ha dicho que el movimiento cooperativo surgido en torno al olivar no servía para gestionar las empresas comercializadoras modernas. Sus dirigentes, de la misma extracción profesional que las bases, desconocen las claves del mercado en que se mueven, oscurantista, volátil, manipulado. No son tampoco profesionales de la gestión empresarial. Carecen de la formación necesaria, aunque dicen conocer los secretos más recónditos del sector, donde creen que puede ocultarse la llave de los beneficios, pero confían más en las malas artes del laboratorio que en los estudios de mercado.
No sería desacertado hablar de falta de cultura financiera. Las cooperativas sirven única y exclusivamente para arropar a los elementos más indefensos de la producción, que son los agricultores. Pero esa circunstancia no les exime de responsabilidad a la hora gestionar la comercialización de sus aceites. Las cooperativas de segundo grado no hacen sino reproducir los mismos defectos: los socios no acaban de poner la empresa en manos de verdaderos especialistas, sencillamente porque no quieren pagarles, ahí el origen de esta actitud irresponsable.
Ahora todas las miradas de los afectados andan buscando culpables de su desgracia, pero no miran hacia sus propias filas, sino a las entidades que pueden abrir la caja de los fondos públicos, donde dónde siempre ha querido refugiarse el olivar de sus propias equivocaciones.
Y huyen en desbandada cuando se plantea abrir las almazaras con el inicio de una nueva campaña de recolección, para que no les embarguen la aceituna a los deudores, no porque la cosecha sea escasa o el precio del aceite haya bajado. Pero alguien tendría que decirles que ya va siendo hora de que ellos asuman sus propios errores. Que las industrias que ahora abandonan (que volverán a convertirse en solares sin valor) fueron costeadas en buena medida con fondos públicos, es decir, con el esfuerzo de todos los ciudadanos, incluso de aquellos que carecen de una renta asegurada por Europa como tienen ellos.
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