Antonio Trujillo: "Sólo los inteligentes somos jóvenes"
José Manuel Fernández Ruiz - 27-01-2006 11:13:19 | Categoria: Entrevistas
“La falta del poder de decidir produce una cierta angustia”
El nombre de Antonio Trujillo estará siempre unido a la historia de la factoría de de Cervezas El Alcázar, de Jaén. Sin duda, es un hombre de empresa, de esa empresa, aunque se le reconozcan incursiones en otras facetas de la vida social y económica de la provincia, en las que alcanzó igual notoriedad, pero que él las valora de forma circunstancial, además de no remuneradas. Incluso en la política, por la que pasó “de frente y con paso ligero” cuando Manuel Fraga le encomendó organizar en Jaén el partido que en 1977 presentaría las primeras listas de candidatos a unas elecciones democrática como Alianza Popular. Ahora, ya jubilado, después de tantos años de actividad como ejecutivo, reconoce que la falta del poder de decidir, de adoptar decisiones, le produce una cierta angustia.
La llegada de Antonio Trujillo García a Jaén, como director general de Cervezas El Alcázar a principios de los años sesenta, viene a coincidir con el traslado de la factoría a su actual ubicación en La Imora, a las afueras de la capital. Es también el momento en que el mercado de esa bebida conoce un dinamismo extraordinario en España. Son los años del desarrollo y se produce la gran transformación social de nuestro país, “cuando los pueblos se convierten en ciudades, las tabernas en bares y la gente pasa de beber vino a cerveza. Los movimientos migratorios de la época son un detonante para el aumento del consumo de cerveza”.
JAEN SE SUBLEVÓ CONTRA LA SUPRESIÓN DE LA MARCA
La fábrica de cervezas de la capital jiennense se incorpora a ese fenómeno nacional y registra un crecimiento espectacular, logrando con ello su consolidación como primera marca. Su presencia se hace tan firme en la sociedad que, cuando se planteó su desaparición como consecuencia de otras estrategias comerciales, se produce todo un levantamiento popular en contra de la decisión, algo inaudito en otras provincias.
Antonio Trujillo se siente particularmente satisfecho de la gestión realizada al frente de la empresa, incluso de haber podido practicar una buena política social, que convirtió a los trabajadores de aquella plantilla en unos de los mejores retribuidos de la provincia. Recuerda incluso una anécdota significativa, relacionada con la contrariedad que significó para los trabajadores dejar de cobrar mensualmente en efectivo, para hacerlo a través de banco, “porque a partir de entonces las esposas pasaron a conocer, exactamente, la cuantía de los ingresos familiares”, dato que hasta esa fecha era anunciado en casa por el marido sólo de palabra.
Se prestigia tanto El Alcázar que Antonio Trujillo resulta elegido presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Cerveza, ahora Cerveceros de España, cargo que no había ostentado nunca una persona perteneciente a una empresa de la dimensión de la firma de Jaén. Años después, como consecuencia de esa posición privilegiada, es nombrado vicepresidente de la Asociación de Cerveceros Europeos, con sede en Bruselas.
LA FUSION CON CRUZCAMPO
Cuando El Alcázar se fusiona con Cruzcampo, Trujillo deja la Dirección General de la factoría de Jaén para convertirse en director de Relaciones Institucionales del nuevo grupo, cargo que le permite atender mejor sus obligaciones como representante profesional del sector en el ámbito internacional. Y aunque este hecho le apartó de la gestión del día a día, considera que realmente fue aquella operación uno de los mayores éxitos de su carrera profesional.
“Nosotros éramos una empresa de dimensión media para el mercado de entonces, con una rentabilidad idónea y, por lo tanto, nuestra posición era de vulnerabilidad respecto de las grandes empresas del sector. Por eso se hizo la fusión en aquel momento y a iniciativa nuestra, lo que nos permitió marcar las condiciones en cuanto a continuidad de la factoría de Jaén y de la totalidad de sus puestos de trabajo. Sin duda fue un éxito. Yo capitaneé la operación desde la carencia de egoísmo, porque suponía para mi una indudable pérdida de poder dentro de la nueva organización”.
PASO FUGAZ POR LA POLÍTICA
Al comentar su fugaz asomo a la vida política, Antonio Trujillo imprime a sus palabras un indisimulado sarcasmo. Recuerda su vieja vinculación con Manuel Fraga, de la época en que éste fue director dell Instituto de Estudios Políticos, antes de ser ministro de Información y Turismo, “una vinculación, desde el punto de vista de un alumno, que reverdeció cuando a él le nombran director general de Cervezas El Águila, y entonces coincidimos en el sector”. En realidad, nunca quiso estar en “primera línea de fuego”, pero los acontecimientos le obligaron a encabezar la candidatura de Alianza Popular por Jaén en las primeras elecciones democráticas.
“Entonces comprendí que para ser político hay que tener un determinado estomago, del cual yo carezco”, apostilla al respecto. “Pronto comprendí que yo no era una persona válida para estar ahí, en ese terreno”.
Opina, eso sí, que la transición española fue un proceso envidiable, incluso la consolidación del Estado de las Autonomías. Por eso, no deja de mostrar su preocupación por el hecho de que “esta arquitectura política se encuentre ahora en cuarentena, en función de pequeños egoísmos regionalistas que comportan un riesgo indudable para todo el sistema”.
Su etapa como presidente de la Cámara de Comercio de Jaén está igualmente marcada por el proceso de transición que vivió esa entidad: de corporación adormecida y de estructura decimonónica, se emprendieron las primeras iniciativas que conducirían a su revitalización.
EL DIA DESPUES
Su nombramiento como director de Relaciones Institucionales del grupo Cruzcampo ya supuesto, de alguna manera, para Antonio Trujillo su relevo de la batalla diaria en un despacho de ejecutivo, a modo de colchón que le permitiría irse acostumbrando a la jubilación que le llegaría después. De cualquier modo, echa de menos que a los jubilados se les valore de forma distinta, “no como a trastos viejos”. En su caso no fue así, porque fue nombrado presidente del Consejo de Administración de la Universidad de Jaén, luego llamado Consejo Social, un puesto no retribuido que le permitió mantenerse en activo.
“EL JUVENALISMO” DE LA SOCIEDAD
Coincido con él en que existe un “juvenalismo” incondicional en la sociedad moderna, que prima a las personas por su corta edad. “Lo cual –afirma-- es un argumento totalmente falso, porque sólo los inteligentes somos jóvenes”.
Aunque reconoce que la vida le ha dado mucho más de lo que esperaba, piensa que después de la etapa laboral no se sabe aprovechar el ingente legado profesional que han acumulado los jubilados. “Hemos fallecido socialmente. No cuentan contigo para nada, ni siquiera en el plano de la cortesía”.
Comentarios (0) - Referencias (0)