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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

Mujeres periodistas




Como ocurre en otras provincias españolas, en Jaén también la profesión de periodista se está feminizando. Todavía no son mayoría las mujeres periodistas, pero van camino de serlo. Tienen, o padecen ellas, los mismos problemas de sus colegas varones, que son muchos, además de los propios de cualquier mujer en el ámbito laboral, que no son pocos.

Para empezar, sufren las mismas dificultades de acceso al trabajo que los demás periodistas jóvenes, pero les cuesta más hallar soluciones con el paso del tiempo. La precariedad, que algunos señalan como una consecuencia del desarrollo desordenado del sector, alcanza en la mujer el grado de problema insoluble, entre otras razones, porque las empresas informativas surgen aquí con una base financiera menos sólida, que carga todo el peso productivo y los beneficios, en las espaldas del mismo elemento laboral: el periodista. No todas las empresas son así, lógicamente, sería injusto generalizar, pero no es reducido el número de las que practican esa política laboral que excluye la posibilidad de un ejercicio digno de la profesión.

Desde siempre hubo mujeres en esta actividad: redactoras, fotógrafas, reporteras. En la radio, lo mismo que en televisión, eran y son familiares para el gran público las locutoras, pero pocos conocen que sus labores exceden con mucho su puesto de trabajo y la retribución que reciben. Ahora también, dentro del mundo de los medios, hay mujeres manejando cámaras o equipos de sonido desde el punto de vista técnico. En las redacciones de los periódicos asumen todo tipo de responsabilidades y funciones. Sin embargo, no hay directoras de medios.

Las mujeres, además, llegan ahora al mercado del trabajo mucho mejor preparadas, mejor incluso que sus compañeros varones. Una amplia mayoría en la provincia (85%), posee formación universitaria, que para las empresas supone una garantía de calidad del producto informativo que ofrecen. En cambio tardan más en consolidar sus puestos de trabajo. Muchas veces ni siquiera lo consiguen, después de muchos años y de muchas promesas incumplidas. Se quedan en colaboradoras, periodistas a la pieza que decimos ahora, o falsos autónomos, en terminología laboral, es decir, sin horarios, sin vacaciones. A plena disposición de la empresa pero sin una retribución mínima. Siempre esperando un contrato laboral, que casi nunca llega o les llega a sus colegas varones.

Ni siquiera los sindicatos, tan reivindicativos en otros sectores, quieren saber nada de esta situación. Ya saben: no es políticamente correcto ni trae cuenta ponerse a malas con los empresarios de la prensa.

Esa evidente discriminación laboral de la periodista se une a la discriminación que sufre en general la mujer en su condición de sujeto informativo. El lenguaje y el tratamiento de las informaciones que afectan a la población femenina son temas que empiezan a preocupar en la profesión, y no sólo en los casos de noticias relacionadas con la violencia de género. Pronto, ambas cuestiones serán objeto de un encuentro exclusivo de mujeres periodistas de Andalucía, en el curso del cual las asistentes se constituirán en asociación o grupo de presión dentro de la Federación Andaluza de Asociaciones de la Prensa, para tratar de conseguir que estas reivindicaciones tengan una atención permanente por parte de la sociedad y los medios de comunicación.

Las mujeres, en definitiva, reclaman otro horizonte en una profesión que ya les pertenece, aunque reciban muy poco de ella.


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