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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

Política gastronómica

La historia se repite: los actos de inauguración de las jornadas gastronómicas que tanto proliferan ahora, siempre cuentan entre sus invitados con una nutrida representación de la clase política habitual, de la esfera oficial. No eluden su responsabilidad tampoco en este campo de la gastronomía, noble actividad donde las haya. Hasta en la foto se les ve, boca llena, con lo feo que queda eso para sustentar la imagen pública que con tanto esmero pretenden defender.

Y hay que reconocerles una sensibilidad particular para degustar las especialidades de la cocina tradicional jiennense. Ellos, como nadie, saben lo que se cuece en esos sitios, y no sólo entre pucheros. Es más, gracias a la clase política de este país –esto es una opinión, aunque muy documentada—la oferta gastronómica ha mejorado notablemente en los últimos años. No hay pueblo en toda la geografía provincial, por pequeño que sea, que no cuente con un restaurante de alto nivel (caro, por supuesto, pero bueno), lo cual resulta muy conveniente a la hora de agasajar a los personajes que les visitan. Por descontado, esos banquetes son indispensables para el sostenimiento de más de un negocio. Todo cumple su función. No daré nombres, porque están en la mente de todos.

Alguien me dirá, me reprochará, que a los periodistas también se les ve en esos eventos, igualmente con la boca llena (nunca en la foto, en eso son más precavidos). Y es cierto. Pero teniendo en cuenta la precariedad laboral del oficio informativo, se les puede perdonar alguna ingesta masiva, como excepción a la regla que les aflige. Además, van a trabajar, y a difundir las bondades gastronómicas de la tierra, y eso siempre es positivo.

Por otro lado, a nadie se oculta que la mayoría de estos eventos culinarios cuentan con respaldo financiero oficial. No es de extrañar, así, que los responsables de la subvención quieran saber de primera mano qué se hace con el dinero entregado. Nada que objetar, a no ser el hecho de que poco o nada novedoso se incluye en cada carta de un año a otro, y siempre son los mismos establecimientos los beneficiarios de las ayudas, o al menos eso dicen los no agraciados. Por eso choca la insistencia en asistir a las inauguraciones, si los platos y los comensales, son los mismos.

Todo tiene su excepción. Recuerdo una destacada política, mujer ella poco dada a estas comidas, que quiso hacer mensaje del tema y eludió asistir a una demostración pública de gastronomía porque le parecía imposible hacerlo sin deteriorar la imagen pública de los políticos, más y cuando una región española padecía en esos momentos los efectos calamitosos de unas inundaciones, y sus habitantes tenían dificultades incluso para poder alimentarse de forma básica. Aquella foto le parecía escandalosa.

Pero el mensaje no caló. Ningún medio interpretó la ausencia del banquete de aquella primera dama como el gesto solidario que pretendía ella, no sabemos si por ineficacia del informador que filtró la noticia, o porque aquella resultaba ser una noticia, sencillamente, increíble.

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