Crece el botellón
José Manuel Fernández Ruiz - 21-03-2006 09:16:22 | Categoria: General
Por distintos motivos, los jóvenes vienen siendo noticia destacada de los medios de comunicación durante las últimas semanas. Pocas veces lo han sido tanto, hemos de reconocerlo, y por eso les miramos de reojo, un poco sorprendidos, cuando el patio está revuelto. Ahora la noticia ha sido el botellón, un fenómeno que no es nuevo, pero que de pronto ha pasado a convertirse en el modelo no convencional de diversión, de manifestación social exclusivamente de la gente joven, que además se ha vuelto simultáneo en distintas ciudades, nadie sabe cómo ni porqué, y multitudinario, como elemento de expresión común que cada vez se aleja más de las fórmulas a que estábamos acostumbrados.
No alcanza el grado de movilización, por su carácter genuinamente espontáneo. No son algaradas sociales, porque carecen de dirección o liderazgo ni proyecto común, aunque como tales han sido reprimidos en algunas ciudades, incluso de forma violenta. Ha surgido al margen del interés de organizaciones convencionales, y quizás sea ese el motivo de que empiece a preocupar. El botellón no pueden controlarlo.
Un fenómeno, en fin, que parece que se nos va de las manos, sin que nadie acierte a explicar a qué se debe. Porque parece evidente pensar que esas fiestas multitudinarias no pueden obedecer sólo al encanto de la noche, al atractivo del alcohol barato, al hedonismo de los jóvenes en una sociedad opulenta. Cuando la gente se concentra de esa manera es porque otros factores se conjugan, y les lleva a expresarse de una forma diferente, a apartarse de una sociedad que les ofrece poco más que esa posibilidad. Buscan el lugar y el momento donde realmente pueden mostrarse como son y no como quieren que lo hagan. Hay, incluso, una sensación de desafío que no puede obedecer simplemente al deseo de diversión.
En Francia los jóvenes se han manifestado por una decisión injusta del gobierno Villepin en materia laboral que les discrimina. En España el panorama laboral para los jóvenes no es mejor, pero el pesimismo no se traduce en movilizaciones sociales reivindicativas de ese tipo. La lucha contra decretazos y contratos basura en nuestro país ha dejado casi siempre fuera la perspectiva de los más jóvenes, como casi en todo. Es el error de alejarse de lo que ocurre en la calle, de olvidar que la juventud siempre ha sido la vanguardia. Si les marginas, ellos harán lo propio.
Por eso se equivocan los que analizan el botellón desde una perspectiva frívola. Los jóvenes no están, no participan porque no les interesa la forma de participar que les ofrecemos. En otros países llama la atención el botellón español, como fenómeno paradigmático del carácter hispano, que parece resistirse a la pérdida de identidad propia en favor de lo europeísta. Así lo han interpretado muchos sociólogos, queriendo trasladar a las nuevas generaciones, los mismos vicios de laxitud que históricamente ha padecido nuestra sociedad.
Pero esto es otra cosa. El botellón, a pesar de lo que dicen muchos, no es un problema de la sociedad. Simplemente es un síntoma, y no deja de crecer.
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