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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

Paisaje roto

Le oía afirmar hace poco a un arquitecto que hoy habitamos viviendas más confortables que antiguamente, pero más feas, quizás tratando de determinar en una sola disyuntiva, toda la racionalidad o el propósito de su oficio. Seguramente también a la ciudad, en su conjunto, se le podría aplicar el mismo dilema: cómo propiciar la dotación de una serie de servicios, cada día más exigidos por el ciudadano, sin que por ello la ciudad pierda su personalidad, esa apariencia peculiar que sus habitantes han querido imprimirle como propia a lo largo de generaciones. La doble cuestión ha tenido su respuesta en Jaén, como en tantos otros sitios, con un sentido más o menos afortunado.

El caso es que, en la capital, parece que comienza a detenerse el ímpetu constructor que, durante la última década, ha modernizado sensiblemente la cara de la ciudad en el aspecto urbanístico. Desde la creación del Gran Eje, orientado a un modelo de crecimiento más que discutible, y la malograda Prolongación de la calle Bernabé Soriano, que mantuvo paralizados durante tantos años los proyectos de construcción en el centro de la ciudad, el impulso vivido ahora por el sector puede decirse que ha sido el acontecimiento más importante de la ciudad en el tránsito de un siglo a otro.

Se ha ganado en calidad de la construcción, lo cual quiere decir que los ciudadanos hemos mejorado nuestra calidad de vida. Pero también se ha modernizado el parque de viviendas de la ciudad, por lo general, anticuado y pobre. Además, ahora se contemplan una serie de servicios que hace apenas unos años la ciudad ni siquiera había soñado. En definitiva, ha sido una magnífica oportunidad para poner al día una ciudad que se nos había quedado vieja, sin por eso perder ese atractivo un tanto provinciano y familiar que siempre la ha distinguido.

Otras cuestiones, sin embargo, que completarían esa dinámica de modernización urbana de Jaén y que competen a las administraciones públicas, podemos decir que siguen pendientes o, todo lo más, en fase de discusión, de eterna discusión.

Más preocupante aún debía resultar lo que está ocurriendo en los alrededores. Resulta curioso que, cuando nos hemos vuelto más exigentes en materia urbanística en lo que afecta al casco urbano de Jaén, más disparatado y anárquico se hace el desarrollo y ordenamiento de las construcciones que surgen en las cercanías de la ciudad. Buena parte de culpa, seguramente, la han tenido los responsables de la disciplina urbanística que no han sabido dar respuestas en su modelo de crecimiento, a las necesidades actuales de la población, que demanda más espacios en contacto con la naturaleza y, en su defecto, esa demanda se satisface de forma incontrolada. Pero lo cierto es que, en poco tiempo, hemos pasado de disfrutar de un paisaje armonioso a otro salpicado de construcciones ilegales, que proyectan una imagen deslavazada de desarrollo tercermundista. Un paisaje roto.

Los efectos negativos de la vorágine constructora, por llamarla de alguna manera, no han sido sólo los relativos al encarecimiento de los precios de las viviendas. Otras secuelas de ese fenómeno quizás se vuelvan permanentes, como históricamente sabemos que ya ha ocurrido en Jaén.

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Comentarios

  1. No sé, me suena distinto ver cómo se construye.
    O saberlo.

    Comentario de Luc hace 2 años y 30 meses


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