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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

La ciudad inesperada


La vieja cárcel de Jaén aún nos tenía reservado algún nuevo asombro, tras su desaparición este verano. El hecho de que la demolición del inmueble se haya producido en agosto, un mes que pasa por el calendario como de puntillas, por las muchas ausencias que conlleva, ha venido a resaltar la sorpresa. Además del polvo y la incomodidad de las obras, que de eso sí que se ha hablado largo y tendido, con razón.

El caso es que, al volver al mismo escenario en septiembre, nos hemos encontrado con este inmenso e inesperado espacio abierto en lugar de aquel caserón de las discordias que era la prisión. Una amplia explanada nos descubre esa nueva dimensión de esta parte de Jaén, una ciudad de dimensiones nuevas, inédita, que tal vez nos debiera hacer reflexionar.

Por primera vez, nos hallamos ante una concepción diferente de esta ciudad, en la que las soluciones no tienen porqué acomodarse a un diseño abigarrado, preestablecido, del viejo Jaén que conocemos. Aquí se nos ha abierto un enorme espacio que rompe con todo lo anterior. Esta gran plaza que nos ha aparecido, como por arte de magia, quizás merezca una oportunidad, al menos un análisis sereno sobre su futuro. Cualquier cosa, menos volver a equivocarnos, porque la decisión urbanística que se adopte ahora va a condicionar el aspecto futuro de esta zona durante el próximo siglo, sin posible marcha atrás. Si hemos esperado quince años, podemos esperar otros tantos. Todo, menos pifiarla.

Sin duda, nos está naciendo una nueva ciudad, a partir de la ocasión histórica que ha hecho coincidir en el tiempo las obras de remodelación de las más importantes arterias de la ciudad, producto también del crecimiento de ésta. Sería el momento de corregir viejas equivocaciones, como lo fue el trazado en su día del Gran Eje, posiblemente el mayor error urbanístico de la historia reciente de Jaén, si es que en esa crónica cabe anotar algún acierto que no haya sido producto de actuaciones desarrolladas a remolque de los acontecimientos. Ya sabemos que resulta impensable modificar la muralla de hormigón de la Avenida de Andalucía, pero sí paliar sus consecuencias en el punto de confluencia del barrio con el Paseo de la Estación. Eso se podría hacer ahora, y estamos a tiempo.

La vieja cárcel, como el árbol que no permitía ver el bosque, ha dejado un hueco que nos lleva a contemplar otra perspectiva de esta zona de la ciudad, hasta ahora desconocida. Una ciudad inesperada.

El Museo de Arte Ibérico fue sin duda una gran iniciativa, pese a su falta de concreción durante tanto tiempo y las incógnitas que generan ciertas indecisiones presupuestarias. Pero su localización en este punto no tiene porqué convertirse en un dogma inamovible, como tampoco lo fue –se rectificó a tiempo—la construcción de una nueva sede para la Delegación de Hacienda en las proximidades.

La decisión, como todos sabemos, corresponde a distintas Administraciones, pero aquí no caben imposiciones. Nadie entendería que se cometa un nuevo error como lo fueron los desencuentros anteriores.

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