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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

Pintan bastos para la agricultura


Ahora resulta que tienen mala prensa las ayudas a la agricultura, las ayudas comunitarias se entiende, que no hay otras. Como diría algún parlamentario español destacado en Bruselas, parece que pintan bastos para el agricultor, y no sólo en el sector del aceite de oliva. En realidad, todos los cultivos hortofrutícolas están bajo la misma espada de Damocles. Las ayudas directas tocan a su fin. El dinero a entregar en los próximos años, seguirá nuevas pautas de modulación. Dicho de otra manera: las ayudas a los diferentes países adquirirán nuevas fórmulas, como la defensa del medio ambiente y los proyectos estructurales y de investigación. La UE prefiere actuar en mayor número de ámbitos políticos, hacer nuevas políticas, antes que dejarse el grueso de sus recursos en el capítulo agrario, que además, según dicen eufemísticamente, tiene mala prensa. ¡Vaya por Dios!

La afirmación parece un poco tajante, porque las subvenciones no se cortarán de la noche a la mañana, pero sí resulta evidente que nos están preparando el terreno y el ánimo, para que esa nueva situación no nos pille de sorpresa, ni suponga un trauma social. El que avisa, no es traidor, deberá pensar el responsable comunitario del área.

La excusa ahora es que los agricultores han adquirido una mala imagen a causa de la actividad productiva que practican, no muy respetuosa con el medio ambiente, por el uso indiscriminado de pesticidas, riegos descontrolados y la sobreexplotación de recursos. Aunque no deja de ser una perversión del lenguaje acusar a los agricultores y no hacerlo con la industria química o farmacéutica por el mismo motivo. En definitiva: hay un mensaje entre líneas, referido a los planteamientos de la UE al día de hoy, que considera que la agricultura ha alcanzado su mayoría de edad, y no puede sostenerse indefinida y artificialmente con fondos procedentes del presupuesto de todos.

Lo cierto es que esa no es toda la verdad. Lo incuestionable es que los políticos, aquí y allí, no quieren continuar con las ayudas al campo ante la perspectiva de incorporación de nuevos países a la UE, al constatar, una vez más, que los fondos son limitados y a la hora de repartir no dan para tanto. Además, el dinero luce más en otros proyectos, sin olvidar que el objetivo para el que fueron creadas las ayudas al campo ya se ha cumplido, sobradamente, en la vieja Europa.

El problema de base, pues, es de tipo financiero. El presupuesto no se puede estirar ilimitadamente, y siempre será mejor decirlo así que hacer referencia a la realidad de que nos da miedo hacer más Europa. Porque en realidad lo que subyace, en el fondo, es un discurso cargado de proteccionismo nacionalista por parte de los gobiernos de los respectivos países, que son los que ostentan el poder, no se olvide. Y esto será así hasta que todos ellos se decidan por una mayor aportación a la caja común, superior al actual 1% del PIB.

Todo indica, sin embargo, que no será esa la dirección elegida. De nuevo nos enfrentamos a otra contradicción en el proceso de construcción europea: queremos crecer pero sin poner un duro, que se haga sin esfuerzo económico para nadie. Excepto, claro está, los agricultores, que pagarán el pato de las sucesivas ampliaciones de la UE. El olivar, también, pero eso ya lo sabíamos.

¿Se nos seguirá llenando la boca de europeismo cuando cierren definitivamente el grifo? Veremos.


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