Orgullo de lo grosero
José Manuel Fernández Ruiz - 31-01-2007 10:01:29 | Categoria: Comentarios
Nuevas formas de acoso a la libertad de las personas se están extendiendo con una naturalidad impropia de los tiempos que corren y de una sociedad que creía haber alcanzado la felicidad cuando completaba, en lo formal, todo el capítulo de derechos civiles que anhelábamos en la juventud. Se trata de redes asfixiantes que se entrelazan en torno a la ya de por sí situación asfixiante del alma humana, ante el terror de mucha gente que precisamente tiene en la libertad su único privilegio, llámese así, o llámese patrimonio moral, ideología o norma de conducta.
Ya había un acoso contra el fumador, que al final se ha materializado en una norma legal segregadora. Ahora se les ve como enfermos, pronto como delincuentes. Hay también una lucha en contra de la obesidad, pero otra también contra la anorexia, en base a principios contradictorios. Es la misma lucha que persigue tanto a las tallas grandes como a las pequeñas, es decir, a los individuos que no se acomodan a un patrón uniforme. Nos oponemos colectivamente, como una norma de conducta aceptada tácitamente, contra los sistemas religiosos tradicionales, pero también contra el laicismo fundamentalista, que existe, no lo dude nadie.
Decididamente, no es del agrado del grupo el apego a la gastronomía sofisticada, por clasista, pero también criticamos la comida rápida, la hamburguesa y la pizza, aunque defendamos el tradicional bocadillo de calamares, que también tiene sus detractores. Luchamos contra la suciedad corporal, pero igualmente contra el uso tópico del agua más allá de los sesenta litros diarios, es decir, del límite establecido como correcto por el grupo.
La sociedad se ha levantado en armas contra las grasas, el alcohol y las bebidas gasificadas o edulcoradas, por nocivas. Por su parte, una señal de stop nos impide el consumo de vino, o su equivalencia en puntos del conductor, cuando no se nos presenta como altamente tóxico para la salud de nuestro hígado. Sin embargo, campañas paralelas nos invitan a adentrarnos en el sofisticado mundo de la enología, como signo de distinción cultural. Tampoco debemos olvidar que el colesterol está presente en el 80 por ciento de los alimentos que nos llevamos a la boca. Sin ir más lejos, hace apenas unos años el aceite de oliva era definido como un veneno para nuestro sistema circulatorio por esta causa, y ahora se considera poco menos que la panacea para curar todos los males.
A poco que mires a tu alrededor, todo señala una dirección única, una dirección de cumplimiento obligatorio. Y una vez hecho esto, cumplidos todos los requisitos, habremos de esperar a las encuestas de opinión para conocer nuestro grado de felicidad. El grupo hablará por cada uno de nosotros, el individuo poco importa. No sabe, no contesta, no se le pregunta.
Estamos, en definitiva, contra todo lo que se sale del gusto general, que por lo general, no suele ser el buen gusto. Se lucha contra todos los males del hombre, pero nos olvidamos de luchar contra el mal gusto, que va más allá de la ausencia del buen gusto, para adentrarnos en el orgullo de lo grosero. Sobre este elemento, la sociedad no produce contestación, ni el poder tampoco. Es el precio de la felicidad esta.
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