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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

El fantasma universitario de Jaén

Los candidatos están lanzados, se lanzan a la primera de cambio, a veces sin sentido, sin darse cuenta de que en sus alegatos, no hacen sino lanzar piedras sobre su propio tejado. Todo por el voto. ¡Qué tendrá el sillón que todos quieren sentarse en él!

Los programas implican un compromiso sobre lo que se pretende hacer desde el cargo al que aspiran, y lógicamente todo ha de ser buenos propósitos. Incluso para aquel que quiere repetir, es decir, para el mandatario que desde arriba cree poder mejorar su propia gestión, si vuelve a ocupar el cargo, no sé si en un alarde de humildad, autocrítica o mero acto de cinismo. El caso es que, proyectos que desde el poder no se han sabido llevar a cabo, desde la perspectiva de un candidato siempre se vuelven un objetivo fácil.

Ahora estamos en plena campaña electoral. No, las municipales todavía no, aunque todos estemos ya un poco cansados de las voces sin sentido que se están escuchando en ese escenario. Es la campaña electoral de la Universidad, un centro que hemos visto crecer en los últimos años con enorme fortaleza, pero que apenas se deja conocer, por propio deseo aunque, al mismo tiempo, se lamenten sus regidores de que se haya convertido en un ente desconocido para el gran público. Una endogamia de la que se enorgullecen y al mismo tiempo les hace lamentarse.

Uno de los candidatos a rector (da igual su nombre, todos dicen lo mismo) expresaba públicamente su dolor por ese desconocimiento de la realidad universitaria que tiene la sociedad de Jaén, sin lamentarse en cambio de que él, como el resto de los responsables universitarios que son y han estado, sean los únicos culpables de esa situación. Ni siquiera los propios alumnos, en su opinión, se sienten implicados en la realidad universitaria, cuando han sido éstos el elemento más pujante en el proceso de construcción del centro y sin embargo siempre se les ha dado la espalda.

La Universidad representa la elite intelectual de un pueblo, como depositaria de su vigor cultural, de su dinamismo profesional y, por eso, no puede permanecer alejada del resto de los intereses económicos y sociales de ese pueblo. En el caso de Jaén, los comienzos no fueron buenos: la Universidad siguió la estela de Granada, hasta el punto de ver hipotecado su desarrollo durante muchos años. Muchos de sus profesores, foráneos, han sido meros visitadores ocasionales del campus, que agrupaban (digámoslo en pasado) sus clases en uno o dos días de la semana para permanecer el menos tiempo posible en Jaén. Del mismo modo, se ha abusado de la figura del profesorado asociado, y ello ha mermado calidad e implicación a la docencia. ¿Qué respuesta esperaba hallar el candidato a rector en los alumnos ante ese panorama de amplios aparcamientos para profesores que ni siquiera conocen la ciudad donde trabajan?

Por otra parte, la gestión económica, las necesidades de abastecimiento de la Universidad, no siempre han mirado a la ciudad que la rodea, propiciando el recelo entre ambas. La colaboración con el empresariado, y no sólo en áreas de investigación, ha sido escasa, como escasos han sido los esfuerzos para la descentralización del campus, y nula la actividad cultural que la Universidad ha llevado al corazón de la ciudad, aunque el fenómeno inverso sí haya existido.

Lo raro no es que Jaén, la provincia, los alumnos, no muestren interés por la realidad universitaria. Lo raro sería lo contrario, que Jaén mostrara su calor a un centro que tiene las apariciones de un fantasma, a deshoras, ajeno, deslocalizado y extraño. Mismamente como la tropa de profesores que nos visita.

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