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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

La utopía de Gianluca


Cuando leo la actualidad política en los periódicos, no dejo de acordarme de mi colega Gianluca Strocchi, un ciudadano de la República de San Marino al que hace tiempo propuse en tono jocoso, intercambiar nuestros respectivos pasaportes, como un cambio de identidad jurídica que me llevaría a mi a su nacionalidad y él a la española, si es que eso fuera posible hacerlo. Lo pensó un instante, pero no aceptó.

Nos visitaba él a cuento de una reunión de periodistas del tipo en las que los intercambios intelectuales y profesionales fuera del programa previsto, cobran un mayor atractivo que las intervenciones oficiales, en este caso sobre un evento deportivo que tendría lugar en España.

En nuestra conversación, un tanto accidentada por cuestiones idiomáticas, indagábamos ambos sobre la realidad de la prensa en nuestros respectivos países. Gianluca se mostraba muy asombrado por la virulencia que adquirían en España cuestiones políticas a su juicio sin relevancia y el acaloramiento de las discusiones públicas, algo insólito en la república más antigua de Europa, la de San Marino. Luego me explicó cómo son las cosas allí y la razón del porqué la presidencia del país deba ser asumida por los ciudadanos de forma rotatoria, seguramente por la tradición que considera un engorro ese cargo, aunque se trate de un mandato de seis meses y toda la parafernalia que lo acompaña se reduzca a la mínima expresión, nada en comparación con lo que ocurre aquí.

Además, me confesó como novedad para mí, que las instituciones públicas de esa pequeña ciudad-estado, con apenas treinta mil habitantes y situada en el corazón de Italia, tienen por costumbre sólo prestar atención a las cuestiones que plantean los ciudadanos, por interés de estos, ya sea en el Parlamento o en los organismos municipales, todo un asombro. Por si fuera poco, la clase funcionarial es mínima, el ejército no existe y los médicos visitan a sus pacientes a domicilio, además, se conocen todos los ciudadanos por sus nombres de pila y son escasos los contenciosos entre ellos y la administración, porque ésta siempre se decanta por el interés general y no el de los partidos.

Por cierto, los periodistas están bien pagados, algo que terminó de romper todos mis esquemas sobre la posibilidad de que, aún en el siglo XXI, pueda existir ese país de fábula con el que todos hemos soñado alguna vez. No era una utopía, si en algún sitio existe ese grado de convivencia y libertad. Ya no lo dudé: ese lugar está en el mapa y se llama San Marino.

A nadie debe extrañar mi reacción de proponer a Gianluca nuestro intercambio de pasaportes, teniendo yo como baza para ofrecerle a mi amigo, nada más y nada menos, que la inmensa riqueza económica, histórica y cultural de España, un país que él también adora. Pero por lo visto, no es suficiente, todavía hay cosas que nos hacen ser diferentes al resto del mundo y que hacemos poco por mejorar. Nuestra escala de valores difiere mucho de la de otros países, pequeños pero hermosos países.

Desde luego, la propuesta de intercambio de nacionalidad la mantengo ahora mucho más firme que entonces, pese a que aún tenga pendiente de conocer algunos detalles de la realidad de esa diminuta república. Aún si fueran ciertos la décima parte de los datos que conformaban su descripción, estaría encantado de dejarlo todo y largarme a San Marino ¡Dios, qué gozada!


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