Italia, sí
José Manuel Fernández Ruiz - 23-05-2007 08:53:27 | Categoria: Reportajes
Tengo que disentir de aquellos colegas que rechazan el oportunismo del sector oleícola italiano respecto al español, con el único argumento, por nuestra parte, de ser la primera potencia productora mundial de aceite de oliva, y el liderazgo que ello nos debería suponer. Italia, los italianos, no son nuestros enemigos, si hablamos de mercado oleícola. Eso sí, nos llevan una enorme delantera, pero más que reticencias, la situación nos debería mover a la autocrítica.Como diría algún experto en otra especialidad, en materia de aceite de oliva el tamaño tampoco importa demasiado. Somos, efectivamente, el primer productor mundial de oliva virgen pero esa consideración no nos conducirá a ninguna parte si nuestra única preocupación sigue siendo crecer en volumen y no mejorar en otros aspectos.
Si el tamaño tenía ventajas hace unos años, la creciente globalización las hizo desaparecer. En la práctica, los países productores y comercializadores actúan como un espacio único. Lo que ocurre es que los profesionales italianos han sabido resolver los problemas, y nosotros no. Incluso no han tenido inconveniente en adoptar la “pesetina” como moneda de referencia cuando buscaban en España lo que faltaba en sus bodegas. En cambio, las cooperativas españolas, en tiempos difíciles, no han desarrollado otra estrategia que orientar sus aceites hacia los canales que conducen a Italia, a través de los grandes intermediarios, sin importarles que esa carga de barcos enteros de granel en los puertos del sur, siempre estuviera destinada a la refinería, sólo porque eso les eximía de otros esfuerzos para vender su producción, aunque fuera en mejores condiciones de precio. Y así andamos.
Hablamos mucho de producción, pero nada de cultura del aceite. Si alguien les contara que en la “azienda olearia” se desecha la aceituna caída al suelo, ¿cómo interpretar toda esa batería de artilugios para la recogida que utilizamos en España y cuyo único resultado es la producción de un aceite lampante? Allí el fruto, en perfecto estado de madurez, se cosecha a mano y es transportado a la almazara en cajas, para evitar su deterioro o suciedad. Inmediatamente es introducido en la almazara, donde será molturado a las pocas horas de la recogida sin ser mezclado con el procedente de otras fincas. El resultado no puede ser otro que unos aceites de extraordinaria calidad, incomparables. Evidentemente, toda la producción italiana no se realiza de forma artesanal, pero sí está imbuida de esa cultura de la calidad que en España nunca ha arraigado.
Si hablamos de comercialización o tecnología, ocurre lo mismo. Una prueba la tenemos en los propios sistemas de molturación y envasado, sólo con mirar el origen de sus patentes. Incluso, hasta hace poco, no ha existido una industria auxiliar española, entre otras razones, porque el sector no la ha demandado. Diseñar y construir una botella de vidrio para aceite ha sido, hasta hace poco, una tarea poco menos que imposible, si no se buscaba en Italia, lo mismo que encontrar papel antigrasa para las etiquetas.
Italia tiene todavía que enseñarnos muchas cosas en materia de aceite de oliva, pero nosotros tendríamos que desear aprenderlas. Y además, están ahí para vender muchos de nuestros aceites, cuando nosotros no sabemos cómo hacerlo. Por muchas razones, Italia, todavía, sí.
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