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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

El gran hoyo


Hace tiempo que vengo dándole vueltas al tema en la cabeza, y sigo sin entender a cuento de qué ese gran hoyo. Aquel signo de modernidad, como lo calificaba con orgullo un edil cateto durante la campaña electoral, creo que puede definirse en realidad como el mayor error de todo el mandato municipal de la anterior corporación. Todo un fiasco, peor aún, porque se trata de una decisión que ya no puede tener vuelta atrás. Irremediable para la ciudad, para el tráfico de la zona pero, sobre todo, para los vecinos del Gran Eje, un barrio tradicionalmente abandonado a su suerte en cuanto a dotación de infraestructuras y servicios, aunque uno de los más caros en materia de fiscalidad local.

Me estoy refiriendo, claro está, al célebre paso subterráneo que enlaza la Avenida de Andalucía con Ruiz Jiménez, exhibido como proyecto emblemático del Ayuntamiento en los últimos cuatro años. Como todo no tiene por qué tener una motivación política, considero que nuevamente el responsables del área recibió un gol por toda la escuadra. Lo malo no es que él se marchara a su casa, sino que nosotros nos hayamos quedado con el hoyo, o lo que sea eso, a perpetuidad.

Porque no sólo no ha mejorado el tráfico en la zona, principal objetivo del proyecto, digo yo, sino más bien al revés. El problema es que los técnicos que plantean las soluciones que luego adopta el consistorio, nunca aparecen en las fotos y son los políticos los que deben asumir toda la responsabilidad. En el pecado llevan la penitencia. En realidad, el gran hoyo reúne todos los requisitos como para ser considerada la obra nefasta por excelencia. Ni siquiera será recordada como signo de modernidad, sino todo lo contrario.

Como ya resulta apreciable, la mayoría de los vehículos que se mueve por la zona no utilizan el paso subterráneo, dotado como se sabe de dos vías en cada sentido. En cambio se ha incrementado sensiblemente la circulación de los carriles laterales que discurren por la superficie, de acceso y salida del Gran Eje. En éstos, el estrechamiento de la calzada ha hecho desaparecer los aparcamientos, pero no las necesidades de uso de vehículos por parte de los residentes, lo que ocasiona innumerables atascos, sobre todo si se tiene en cuenta que es paso obligado para ambulancias en dirección al Servicio de Urgencias, incluso para vehículos del Parque de Bomberos. Además, dos semáforos consecutivos retienen el tráfico, en un inexplicable cuello de botella de acceso a la ciudad en un punto donde la agilidad resulta imprescindible.

Además, la supresión de dos pasos de peatones obliga a los viandantes a habilitar como tales los tramos más inmediatos al embocamiento del túnel en la Avenida de Andalucía, con el consiguiente peligro para la integridad física de aquellos. Algún atropello sabemos que ya se ha producido.

En fin, el túnel parece haber abierto el barrio en canal, y ello ha obligado a modificar los hábitos del vecindario, incluso parecería que ahora son barrios distintos, los situados a uno y otro lado de la cosa. Los ciudadanos no fueron consultados sobre la idoneidad del proyecto, pero ahora deben sufrir sus consecuencias. Como decimos, aquella Corporación se fue, pero el hoyo se ha quedado.


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