Mercado de vanidades
José Manuel Fernández Ruiz - 30-11-2007 09:25:07 | Categoria: Reportajes
Acaba de abrir sus puertas en Jaén un centro comercial de la cadena más importante de grandes superficies que tiene el país. No diré su nombre, entre otras cosas, porque no hace falta, todo el mundo lo sabe. Pero a mi el acontecimiento me llama la atención por el valor simbólico que tiene, más allá del enorme sustrato económico que representan los casi mil puestos de trabajo directos y la cobertura mercantil para un cuarto de millón de personas que supone el nuevo establecimiento.Los centros comerciales, los hipermercados como ampulosamente se les comenzó a llamar en la década de los ochenta, se han convertido en el ágora verdadera de la convivencia de nuestro tiempo. Son como la pasarela del orgullo efímero que representa el consumo de nuestros días de opulencia.
Los pueblos que carecen de centros comerciales se sienten acomplejados y así lo manifiestan públicamente. Demandan a sus dirigentes políticos para que impulsen su creación, como si se tratase de uno de los servicios o infraestructuras elementales a que tienen derecho los ciudadanos como pago por sus impuestos. Es más, los propios políticos se alinean sonrientes ante la cinta inaugural, dando el pistoletazo de salida a la gran marea humana que vendrá después a vaciar los anaqueles.
Unas ciudades miran de reojo la envergadura de los centros comerciales para rebatir el grado de riqueza que tienen respecto a otras. El nuestro es más grande que el vuestro y tiene más cosas, rivalizan los chiquillos sobre los centros comerciales que les toca disfrutar.
Además han pasado a formar parte del paisaje imprescindible, sin el cual una comunidad no se reconoce a sí misma. Ayer mismo me decían que, desde la carretera, cuando uno se aproxima a Jaén, ya no se distingue sólo la Catedral, como ha ocurrido durante siglos. Ahora también está ese imponente edificio, nuevo templo de las mercancías, que marcará el perfil de la ciudad para los restos.
Antes, en cambio, a las tiendas apenas nos apetecía ir, y las salidas para comprar se convertían en una tarea engorrosa. Curiosamente, era como andar por casa, una dependencia más del entorno familiar, a la que uno se desplaza en bata y zapatillas sin mayores complejos, porque el tendero y el vecino, estaban acostumbrados a esas confianzas.
Eso ya no es posible, quizás porque ahora, además de a comprar, también vamos a estos modernos almacenes repletos de productos, a vender nuestra propia vanidad, tal vez sólo hipotecarla, porque desde luego nuestra vanidad no tiene precio.
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A finales del mes de noviembre El Corte Inglés abrió en Guadalajara capital. Ese día estabamos invtados en casa de Manu Leguineche, que vive en Brihuega. Él mandó a dos amigos al acontecimiento, para que compraran chuletas y piña, para la comida. ¡Qué lío no se montaría que vinieron tarde... y con las manos vacías! Pero comimos, muy bien, como siempre en esa casa.
Grandes superficies, ¿para qué?Comentario de Lucía hace 6 meses y 21 dias
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Yo me pongo muy nervioso cuando no encuentro lo que voy buscando. En realidad, creo que los centros comerciales están ideados para aquellos que no necesitan nada y tienen sus necesidades cubiertas. Van a mirar y a confirmar que nunca estarán satisfechos con lo que tienen. Siempre habrá algo nuevo que comprar. Así la bola consumista cada vez se hace cada vez mayor.
Comentario de Huesped hace 6 meses y 6 dias