Ciudades lentas, o casi
José Manuel Fernández Ruiz - 12-02-2008 12:44:48 | Categoria: Reportajes
¡Qué bueno eso de las ciudades lentas¡ Parece que ya sólo con ese nombre apetece vivir en ellas. Los municipios de la Sierra Sur, con Alcalá la Real a la cabeza, están promocionando la idea, que no es nueva pero sí interesante. La muestran como un atractivo turístico más que nos invita a visitar la comarca. Otros pueblos no me parece que puedan presumir de esta cualidad. Para pertenecer al grupo de ciudades lentas hay que cuidar muchos elementos de la vida cotidiana. Se trata de una filosofía que tiene que ver con la búsqueda, o la recuperación, de un mundo más habitable, más razonable. Una alternativa a considerar muy seriamente, si perseguimos la felicidad.
Las ciudades si se lo proponen, podrían ser lentas, y sus habitantes, disfrutar en mayor medida de las calles, libres de coches y humo, preparadas para pasear; de sus tiendas y mercados minoristas, atendidos también por personas imbuidas de la lentitud o parsimonia suficiente como para poder esbozar una sonrisa o un gesto amable. Es también disfrutar de la gastronomía local, la de toda la vida, la comida que más nos gusta, una comida sosegada y compartida, que está reñida con la comida rápida o comida basura.
No estoy yo muy seguro de que haya muchas ciudades en la provincia que puedan ingresar en ese muy selecto club, nacido creo que en la Italia meridional, al cobijo de viñedos y bosque mediterráneo. Aquí de pronto a todos nos han entrado las prisas por llegar, no sé muy bien a dónde, porque por mucho que nos dicen que avanzamos, lo cierto es que siempre andamos a la cola de todas las estadísticas. Por eso, creo que será mejor apuntarnos directamente al placer contemplativo de las cosas y al disfrute sencillo de lo de siempre, y dejarnos de soñar con lo que pudimos haber tenido y nunca tendremos, aunque no sea lo mismo hacerlo por devoción que por obligación.
Mis amigos de Madrid envidian el hecho de poder acudir yo diariamente al trabajo caminando, sin tener que sufrir el sofoco del transporte colectivo. Eso, lo mismo que almorzar en casa con toda la familia, le otorga una especial cadencia a nuestros días, que todavía es posible administrar con generosidad, guardando algo de tiempo para nosotros mismos. La lectura, por ejemplo, ese vicio a recuperar.
El que tiene de todo, como los madrileños, lo cierto es que se ilusionan con bien poco, los placeres del pobre, les digo yo, como la siesta, que es por lo visto otro de los requisitos imprescindibles para pertenecer al elitista grupo de las ciudades lentas. Pues de esas cosas sencillas disponemos de todas las que quieran; de las otras, las que comportan un grado de bienestar más acorde con el siglo veintiuno, de esas no tantas. Bueno, al menos el tranvía, que es un transporte lento, sí llegará a Jaén.
Con todo, sí es cierto que hemos sacrificado mucha de nuestra tranquilidad de siglos, a cambio de progreso. Todo el mundo, o casi, piensa que ha sido bueno, es señal de que, aunque poco, ha crecido nuestra actividad económica, y eso ha llevado mucho bienestar a los hogares. Una minoría afirma que hay que buscar el equilibrio entre esto y aquello. No les falta razón. El problema es cuando no podemos valorar ni una cosa ni la otra. Y llegados a ese extremo, vale más volver la mirada a la ciudad lenta de toda la vida. Al fin y al cabo, mejor presumir de lentos que de atrasados.
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