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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

En clave de crisis

 

 



 El esfuerzo de las personas casi nunca, o nunca, constituye una virtud individual, ni siquiera en el deporte. Todos los grandes proyectos que acaban por suscribir los hombres se apoyan en la entrega, la dedicación, el estudio, el talento y la técnica de otros que les precedieron. Precisamente esa es la lección que nos ha enseñado la humanidad a lo largo de la historia y precisamente ése es el sentido que le da valor a la propia sociedad, aunque no necesariamente tendríamos por qué interpretar todos los episodios en clave competitiva.

El éxito que hoy aplaudimos lo comenzaron a forjar otros que nos precedieron a través de la cultura, la investigación y el esfuerzo, pero eso no quiere decir que aquellos se situarían hoy en una escala de inferioridad.  Sin embargo, cada año nos empeñamos en destacar la labor de determinados individuos como ejemplos que pretenden simbolizar el avance de la civilización en actividades concretas, seguramente porque a través de ellos vemos iluminado el camino a recorrer por la gran mayoría que camina a un ritmo más pausado. Prefiero hacer esa lectura y no otra en términos de vanidad o patrioterismo. 

 Hacemos balance de protagonistas pero también de sucesos, de noticias positivas y negativas. Se elaboran estadísticas sobre todo,  anuarios y listas de famosos, en lo que a veces parece más un ejercicio propio del aparato digestivo de los medios, que un esfuerzo por mostrar los verdaderos valores morales que debe proponer cada sociedad, si es que los tiene. Y resulta que, desgraciadamente, la mayoría de las veces naufragamos en el intento, entre otras razones porque la realidad resulta de una terquedad tal, que nos impide a los periodistas maquillarla con el barniz de los ideales. Además, en las listas siempre triunfan los mismos, que por cierto suelen ser los protagonistas de casi todos los acontecimientos. Los de siempre. 

Por eso recurrimos a la clasificación, para encumbrar a los mismos. Unos primero otros después. Unos más ricos, otros más pobres, más listos, más deseados. Lo que usted prefiera, porque al final siempre habrá una lista con la que el lector se identifique. 

Este año la gran protagonista ha sido la crisis, una palabra que hemos acabado por acuñar para descifrar la mayoría de los enigmas. A fuerza de  aplicar el término, no quedará actividad que sobreviva. Todas las referencias tienen ahora ese punto en común, la crisis. Es una forma primitiva de analizar los acontecimientos, muy sencilla, pero que al mismo tiempo nos permite justificar el fracaso.

 Los valores ahora, curiosamente, no es que necesiten de una escala de valores para poder ser asimilados por el gran público, valga la redundancia. En realidad, no somos capaces de reparar en la aventura que supone vivir si no es a través de una competición. Si conseguimos salir adelante habremos triunfado, de lo contrario nos podremos conformar con mirar la estadística, por donde siempre aparecerán algunos en peor situación que nosotros. O más feos, o más pobres.

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