El nuevo horizonte de la Prensa
Un inevitable empresario de la Prensa acaba de analizar el futuro del sector, mostrando su preocupación por los eventuales cambios estructurales que se vislumbran en el horizonte. Oírle hablar hace apenas unos años, era conocer los derroteros por los que caminaría el periodismo profesional. Siempre un diagnóstico certero. No así en su última etapa, donde parece destacar más el perfil de un hombre de empresa que el de periodista comprometido que fue.
En particular, ha hablado sobre el futuro de los periódicos tradicionales de papel, ante la presión cada vez mayor que ejerce sobre ellos el mundo de internet. El dilema es si les echará del mercado o el producto tradicional conseguirá subsistir. El problema para el empresario no radica en la diversidad de códigos que ahora se establecen en la información libérrima de la red, sino en el hecho de que ese “totum revolutum” impida asentar sistemas de negocio aceptables, como alternativas al periódico convencional. Ello como consecuencia de haberse trastocado radicalmente el modelo económico del sector: al irrumpir la red, afirma él, hemos pasado de un mercado con predominio de la demanda, a otro donde es la oferta la que prima.
Asegura que, un negocio cuya rentabilidad no supera el 4 por ciento, no puede mantener una estructura informativa convencional de redactores, corresponsales y editorialistas como hasta ahora conocemos que ocurre en los periódicos de papel, pues eso sólo puede sustentarlo una empresa de rentabilidad superior al 25 ó 30 por ciento de la facturación. Y seguramente, tiene razón, si todo lo que cuenta es el aspecto económico.
Ese planteamiento le lleva a pensar que la nueva situación nos conducirá a una información oportunista, es decir, sometida a los vaivenes populistas o demagógicos de la propia actualidad, que no contribuyen a estructurar una opinión pública estable. Es decir, una información imposible de controlar desde las esferas de poder que él sí domina, o eso deja entrever. Dicho de otra manera, internet no va a posibilitar unas audiencias estables a las que sea posible fidelizar, por estar sometidas a los influjos irracionales de los acontecimientos, y con la presencia de infinitas posibilidades informativas. En definitiva, será un panorama ruinoso para las empresas tradicionales.
Le preocupa menos, en cambio, el hecho de la previsible desaparición del periodista como elemento profesional de mediación en el proceso. En la red, no hacen falta, sencillamente, porque todos los lectores tienen la posibilidad de convertirse automáticamente en periodistas y fuentes informativas. Olvida nuestro personaje que la información, no ya oportunista sino oportuna, solo debe estar regida por los códigos que marcan el interés general y la curiosidad social, no la cuenta de resultados propia, ni los intereses que esa cuenta les lleve a defender.
A cambio de periódicos más rentables, influyentes y determinantes, nos encaminamos a un escenario de libertad que sólo los poderosos parecen temer. El temor de los periodistas no es el mismo, porque nuestra penuria viene de antiguo.
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La pela es la pela
Comentario de Juan hace 6 meses y 8 dias