A propósito de internet
No es internet, en realidad, la causa de nuestros males. El problema del periodismo es que los periodistas estamos dejando de aplicar los códigos de conducta de la profesión. La crisis de la Prensa tradicional no sólo tiene que ver con el nuevo escenario planetario de la red de redes, al menos, no tanto como el abordaje de que han sido objeto los periódicos por parte de los sectores interesados de la información.
En cualquier caso, tenemos que decir que los medios ya no son lo que era. Eso es evidente. Las empresas editoras están mediatizadas por la cuenta de resultados, y eso les impide difundir mensajes que no sean políticamente correctos. Pero, al mismo tiempo, esa actitud, que no puede traducirse sino por una tremenda deslealtad hacia las audiencias, está cavando su tumba. El periodismo exige mantener vivas todas las expectativas de la audiencia o crearlas. La opinión pública reclama que las noticias tengan impacto, provoquen sorpresa, y ahora los periódicos, los medios en general pero sobre todo los periódicos escritos, no sorprenden a nadie, atentos como están sólo a complacer a unos y otros. Aburren.
Hace poco, en un encuentro sobre el fenómeno migratorio, una compañera me reprochaba que los políticos, las Administraciones, estuvieran molestos con la Prensa de Jaén, con los periodistas en general. No le contesté, pero pensé que ojalá eso respondiera a un panorama de independencia de nuestro colectivo respecto a los poderes públicos y no a un escenario de sumisión de los medios y de voracidad insaciable de los políticos.
En ese mismo acto, otro compañero, responsable de un periódico, se veía obligado a pedir disculpas por el uso en un titular del término “avalancha” (aplicado en el sentido de masiva afluencia de inmigrantes) al ser cuestionado por un supuesto aludido, cuando el léxico de la Prensa todos sabemos que no obedece casi nunca a los principios de literalidad y sí a su identificación con los usos sociales del lenguaje. Acostumbrados como están a la mansedumbre, a la falta de contestación, incluso a imponer sus contenidos, los personajes de la vida pública no admiten la mínima crítica.
La mansedumbre como rutina se extiende a toda la sociedad. De ahí que haya crecido de forma desmedida, y en todos los sectores, el interés por condenar al mensajero cuando las informaciones no responden al gusto del poder. El problema para los políticos en este contexto, es que tampoco les sirven los halagos, cuando la realidad publicada es tan poco displicente. Si nos fijamos atentamente, ya apenas hay noticias en los medios elaboradas a iniciativa de los propios periodistas. Eso ocurre por la sencilla razón de que no interesan a los editores, por no ser mercancía rentable.
Es decir, los medios renuncian al periodismo en aras de sus proyectos ideológicos o comerciales. No nos debe extrañar entonces que la sociedad busque en internet lo que ya no encuentra en los medios tradicionales. Se establece aquí una competencia desigual. Los medios no pueden competir con internet, más allá de razones técnicas, porque ésta ha heredado la frescura que perdieron los periódicos cuando sucumbieron al asalto de otros intereses.
Si dudas, haz periodismo: busca, investiga, contrasta las informaciones. Si no dudas, si no puedes contrastar ni te permiten investigar, estás ante una nota oficial.