Artículos con estrella
A menudo hablamos del escaso o nulo protagonismo que suele tener el periodista en la gestión de los medios de comunicación, aunque sabemos que su impronta constituye uno de los atractivos más importantes del producto informativo. Hablamos de los géneros informativos más habituales en las páginas de los periódicos.
Ocurre en cambio que, a veces, el carácter personalista excede al contenido del artículo, o su actualidad. Aparece así la figura del periodista estrella, cuyo interés pretende que lo suscite más la personalidad del autor que la naturaleza de su trabajo. No me estoy refiriendo a los famosos columnistas que publican a diario en los diarios de ámbito nacional. Hay otra especie de comunicadores, en un ámbito más cercano, que se vuelven admiradores de sí mismos, aduladores de su inteligencia, que, yo creo, son víctimas de los halagos hipócritas de los supuestos lectores que les rodean.
En estos casos, es perceptible una característica inconfundible de ese periodismo, y es que tiene por destinatarios a unos escasos pero selectores lectores solamente. Parece como si se escribiera con valores entendidos, no sé con que propósito, para situarse intelectualmente por encima de la media, cuando ese barroquismo no hace otra cosa que ocultar un cierto vacío o el desconocimiento de la materia abordada.
Cuando escriben sobre política, por ejemplo, estos admirados columnistas utilizan un lenguaje de claves que elude exponer claramente la información que poseen, como si esos datos ocultos, al ser desvelados, pusieran en peligro la labor periodística, algo que la mayoría de las veces sólo resulta una impostura. En realidad tratan de disimular sus errores, su falta de documentación o su escaso dominio del asunto en cuestión, con ese pretendido tratamiento intelectualizado que no sirve para nada. Prefieren ponerse del lado del rumor o sus personajes preferidos, protagonistas de la noticia, que de los lectores, y eso resulta imperdonable. El periodismo no es eso.
En otras ocasiones, el autor se vuelve personaje por propia decisión. Si entrevista, las preguntas arrebatan todo el protagonismo a las respuestas, asiente o resta importancia a las afirmaciones ajenas, o las complementa con datos propios, como si sus opiniones fueran más atractivas que las declaraciones del entrevistado.
En lo personal, en cambio, estos periodistas-estrella suelen apagarse con demasiada frecuencia. Su escaso trato social les vuelve seres huraños, seguramente tímidos, pero ensoberbecidos por la proyección pública a que les someten los medios. Tan difícil de asumir resulta una cosa como la otra. No digo que los contenidos periodísticos tengan que ser anónimos, pero un exceso de protagonismo del autor a veces le hace perder perspectiva al artículo.
Sin embargo, nadie podrá restarles a esos comunicadores de pacotilla, el valor de su aportación mediática, por desenfocada que ésta sea, sólo por el permanente sentido crítico que ese esfuerzo conlleva.
Referencias
Comentarios
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A los plumillas nos gusta presumir de que sabemos más de lo que realmente conocemos y así sentirnos importantes y con poder. Tratamos de ocultar con arcanos nuestra ignorancia supina de muchos temas. Por eso no está de más pisar la calle, oír a la gente, y ver qué concepto tienen de nuestro trabajo. Es lo que tiene encerrarse en palacio que no sabes por dónde va el populacho.
Comentario de Armenteros hace 4 meses y 19 dias