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Al otro lado del espejo

Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural

Mentiras piadosas

 

  Sostiene Alfonso Ussía que España es un país donde los actos de todo tipo cuentan siempre con una amplia concurrencia de público. Sería ésa una explicación a la facilidad que tenemos para encumbrar a determinados personajes, con independencia de sus méritos. Por lo que se ve, el conocido columnista nunca ha visitado Jaén. 

 Se trate de una conferencia, la presentación de un libro, un recital poético o cualquier otra manifestación cultural organizada aquí con carácter gratuito, no hay manera de que se completen las dos primeras filas de un modesto salón, si en la convocatoria no se anuncia convenientemente que, al final, se servirá la consabida copa de vino español. No está la vida para pérdidas de tiempo, pensará la gente o, lo contrario, no están los tiempos para ir desperdiciando la vida en acontecimientos estériles.

 No se puede generalizar, pero ocurre que nos solemos preocupar más por el eco de los eventos que por el contenido de éstos. Si se tuviera en cuenta la idiosincrasia de nuestros congéneres, algunos sonoros fracasos no se producirían. No es que importe mucho, a fin de cuentas en el currículum de cada cual sólo figurará que fue ponente en tal ocasión o invitado por tal institución, no cuánto público acudió a escucharle.  Tan es así, que casi nunca se suspende un acto por la ausencia de público, a no ser que el que falte sea el actor principal. En muchas ocasiones, una conferencia se acabará convirtiendo sobre la marcha en una mesa redonda, con total intervención del auditorio (una o dos personas) y asunto resuelto. Van pocos y, además, los que van tienden al protagonismo. En fin, que todos contribuyen a chafar el acto. 

No es de extrañar, así, que algunas convocatorias parezcan de asistencia obligatoria, si el que las realiza es un organismo con amplia nómina de personal, civil o militar. Algún teniente coronel de la Comandancia de Jaén, ya jubilado se entiende, podría atestiguarlo: ¿cuántos actos han podido celebrarse con el cartel de aforo completo, gracias a instrucciones de algún alto cargo con mando en plaza para que así fuera? Una gobernadora, recuerdo yo, no organizaba nada sin la garantía de que el recinto estuviera a reventar, aunque fuera de personal uniformado, ante la convicción de que el personal civil pasaría olímpicamente de asistir a la cita, aún a riesgo de recibir el cese fulminante.

 Luego está la complicidad de los medios de comunicación, factor indispensable si se pretende que el acontecimiento quede reflejado con brillantez en una crónica de sociedad. Al igual que las circunstancias anteriores, lo de menos suele ser el contenido. Parece como si se diera por hecho que una puesta en escena, y su parafernalia, sólo fueran necesarias si el  acto resulta ser un tostón, como pasa a veces.  Es el caso de las mentiras piadosas que suelen escribir los periodistas, en aras del vigor cultural, tan piadosas que no merecen siquiera un acto de contrición. Lo curioso es que en estos casos no se ponga en entredicho la labor del mensajero, como acostumbramos hacer en otros asuntos.

Referencias

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Comentarios

  1. Cierto es que no parece que las convocatorias, sobre todo si huelen a cultura, tengan eco entre la población, más atrae el botellón o el partido de fútbol. Mas no por eso debemos caer en el desespero, tambien las inmensas minorías tienen derecho a su parte en el escaso pastel del tiempo.

    Comentario de armenteros hace 3 meses y 23 dias


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