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<title>Al otro lado del espejo</title>
<link>http://elportachuelo.bitacoras.com</link>
<description>Recopilación de artículos periodísticos de contenido social y cultural</description>
<copyright>Copyright 2008</copyright>
<pubDate>Fri, 04 Jul 2008 12:18:05 +0000</pubDate>
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	<title>Calvario informativo, pero menos</title>
	<link>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/07/04/calvario-informativo-pero-menos</link>
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	<pubDate>Fri, 04 Jul 2008 12:18:02 +0000</pubDate>
	<category>General</category>
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	<description><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p><br /><br /><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">No est&aacute; de m&aacute;s hacer de vez en cuando alguna autocr&iacute;tica sobre la forma que tienen los periodistas de ejercer su responsabilidad en la gesti&oacute;n de los medios. Aparte de saludable, un an&aacute;lisis en esa direcci&oacute;n nos permite no perder una perspectiva social amplia sobre nuestro cometido. Lo contrario, ineludiblemente, nos conduce a la soberbia de pensar que siempre nos asiste la raz&oacute;n, cuando no es as&iacute;.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3"><span>&nbsp;</span>No he podido apartar este pensamiento de mi cabeza, despu&eacute;s de leer las conclusiones de un encuentro celebrado en la Facultad de Comunicaci&oacute;n de Sevilla, sobre aplicaci&oacute;n de la normativa electoral en los contenidos informativos de los medios de titularidad p&uacute;blica. Participaban estamentos acad&eacute;micos, profesionales e institucionales, que no hace falta precisar.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Me ha llamado poderosamente la atenci&oacute;n, de principio, el resquemor de algunos periodistas respecto a la actuaci&oacute;n de los jueces en la funci&oacute;n de control de esa gesti&oacute;n. Por esta causa, llegan a definir la labor informativa como un verdadero calvario, imposible de padecer, en lo concerniente a aplicaci&oacute;n de minutajes y equilibrio en el tratamiento de las noticias de contenido pol&iacute;tico, es decir, en el mantenimiento de la imparcialidad e independencia que se le supone a un medio p&uacute;blico, y su sometimiento a la proporcionalidad de los espacios con relaci&oacute;n a la representaci&oacute;n parlamentaria de cada grupo.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">En concreto, se quejan los redactores de la Radiotelevisi&oacute;n Andaluza de la permanente ingerencia de los jueces, mediante sentencias condenatorias, en la tarea profesional de interpretar la actualidad pol&iacute;tica y trasladarla a la sociedad, subrayando, en todo caso, que precisamente son los periodistas los profesionales mejor preparados para entender esa misi&oacute;n, y no los jueces. Subyace en la afirmaci&oacute;n un cierto tono de rebeld&iacute;a, eso parece evidente, pero en ning&uacute;n caso se alude al deseo de hacer caso omiso de las sentencias.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Bueno, yo pienso que mis colegas se equivocan de medio a medio, por varias razones. La primera es que no es posible entender el funcionamiento de ning&uacute;n organismo, entidad, empresa o colectivo sin el sometimiento a la ley y el control de los tribunales. Efectivamente, los jueces no suelen tener conocimientos sobre periodismo a la hora de sentenciar, pero tampoco los tienen sobre medicina,<span>&nbsp; </span>arquitectura o mercadotecnia y, sin embargo, sentencian sobre estas materias, y los afectados no suelen sufrir por ello ning&uacute;n calvario. Si los jueces no saben sobre algo, puntualmente, pues supongo que tendr&aacute;n que aprenderlo para sentenciar, y el periodismo no puede ser una excepci&oacute;n, menos a&uacute;n si se ejerce en un medio p&uacute;blico.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Por lo dem&aacute;s, las decisiones adoptadas por los redactores en ese &aacute;mbito,<span>&nbsp; </span>se supone que responden al ideario que les trasladan sus superiores, que a su vez, no lo olvidemos, han sido nombrados con criterios de representatividad pol&iacute;tica. El control, por tanto, parece doblemente aconsejable, eso sin contar con que las p&eacute;rdidas econ&oacute;micas de la gesti&oacute;n se anotan en el presupuesto de todos, no en el de los editores. Es decir, sus errores los pagamos todos.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Pero es que, por si fuera poco, las quejas que luego se materializan en sentencias, nunca proceden del grupo que nombr&oacute; a esos editores. Y, eso s&iacute;, da mucho en qu&eacute; pensar sobre la tan cacareada independencia.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span>]]></description>
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	<title>Divagaciones sobre género</title>
	<link>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/06/18/divagaciones-sobre-genero</link>
	<comments>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/06/18/divagaciones-sobre-genero#comentarios</comments>
	<pubDate>Wed, 18 Jun 2008 09:25:29 +0000</pubDate>
	<category>General</category>
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	<description><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">A veces los periodistas nos ofuscamos en la defensa de unos argumentos que, por su aparente endeblez, nos obligan a explicarlos con reiteraci&oacute;n, empalago e, incluso, angustia. Es el caso de la mal llamada violencia de <em>g&eacute;nero</em>, mal llamada no por tratarse de un concepto ficticio, sino imposible. Ya saben, <span>&nbsp;</span>la violencia nunca podr&aacute; ser aplicada en materia de <em>g&eacute;nero</em>, porque &eacute;ste es un elemento gramatical, y dif&iacute;cil tenemos hacerle maltrato a las palabras de forma violenta, aunque algunos ejerzan con verdadera maestr&iacute;a en el empe&ntilde;o.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">Lo que ocurre es que, como las modas, hay palabras o conjuntos de ellas, cuyo uso pol&iacute;tico les otorga carta de naturaleza, y los personajes de verbo f&aacute;cil, por no decir ligero, las hacen extensivas a todo lo que se les pone por delante.<span>&nbsp; </span>Sin ir m&aacute;s lejos, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andaluc&iacute;a insiste en el error cuando considera que deben anularse los contenidos referidos a ideolog&iacute;a de <em>g&eacute;nero</em> de la asignatura Educaci&oacute;n para la Ciudadan&iacute;a, lo cual nos viene a indicar que tampoco en el &aacute;mbito de la Judicatura merece mayor respeto la correcta aplicaci&oacute;n sem&aacute;ntica del vocablo.&nbsp;</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Realmente, el defecto no es de ahora. Ya hemos hablado alguna vez en esta columna del fen&oacute;meno de las palabras gastadas, expresi&oacute;n que sirve para un roto y un descosido, incluso para los gestos de agresi&oacute;n, si las palabras son lanzadas como piedras al adversario, ejercicio muy del gusto popular. El maestro Manu Leguineche dice que hay palabras que habr&iacute;a que tener en remojo una temporada, como los garbanzos, antes de utilizarlas en una conversaci&oacute;n o un texto escrito. M&aacute;s vale en esos casos administrar los silencios, es decir, callarse, que adentrarse en una terminolog&iacute;a confusa que empobrece nuestro idioma. Intenciones aparte, las palabras mal utilizadas corren el riesgo de gastarse antes de la cuenta, am&eacute;n de perder su verdadero significado. </font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Como anda corto de vocabulario el andamiaje intelectual de la mayor&iacute;a, hacemos caso omiso de las recomendaciones que nos llevar&iacute;an a una expresi&oacute;n correcta, y<span>&nbsp; </span>una y otra vez recurrimos al latiguillo. Porque, sinceramente, no creo yo que haya algo m&aacute;s que desconocimiento gramatical detr&aacute;s de esa expresi&oacute;n, y no precisamente de un/a miembro/a de la RAE. El t&eacute;rmino <em>violencia</em> unido a <em>g&eacute;nero</em>, en lugar de violencia por raz&oacute;n de sexo, lo inventaron los pol&iacute;ticos y, como ellos, no hace sino crear controversia. Sabemos lo que quer&iacute;an decir, pero no anduvieron finos. Antes, en cambio, era el uso social el que impon&iacute;a las expresiones, y as&iacute; se consolidaban mejor, sin tantas prisas.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">No piensan as&iacute; quienes otorgan al t&eacute;rmino categor&iacute;a ideol&oacute;gica, m&aacute;s all&aacute; de lo gramatical,<span>&nbsp; </span>y <span>&nbsp;</span>acusan a sus adversarios de ocultar un fondo reaccionario en esas interpretaciones. A estos habr&iacute;a que decirles que, no por inventada, la expresi&oacute;n deba recibir un respeto un&aacute;nime. </font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">S&iacute; es cierto que suelen renegar de la idea, no de la palabra en s&iacute;, sin importarles la expresi&oacute;n correcta, sectores radicales de la derecha, la Iglesia y, como hemos visto, la rama m&aacute;s conservadora de la Judicatura, no por casualidad. La derecha es la derecha. Por cierto, el t&eacute;rmino derecha, para determinar s&oacute;lo una posici&oacute;n, &iexcl;qu&eacute; &eacute;xito tuvo en pol&iacute;tica! El caso es que los pol&iacute;ticos seguir&aacute;n atribuy&eacute;ndose el derecho a bautizar nuevos conceptos, salt&aacute;ndose a la torera todo lo que haga falta, gram&aacute;tica incluida. Todo muy al gusto de la &eacute;poca, y del g&eacute;nero nuestro.</font></span> </p><p>&nbsp;</p>]]></description>
</item>
<item>
	<title>Trapicheos telefónicos</title>
	<link>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/06/12/trapicheos-telefonicos</link>
	<comments>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/06/12/trapicheos-telefonicos#comentarios</comments>
	<pubDate>Thu, 12 Jun 2008 12:47:15 +0000</pubDate>
	<category>Entrevistas</category>
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	<description><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p><br /><br /><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Por temporadas, hay sectores productivos que declaran sus particulares guerras comerciales, guerras de precios, se entiende, con el fin de dar salida a la mercanc&iacute;a que hace bulto pero no rinde, y poder introducir los art&iacute;culos de mayor novedad. <span>&nbsp;</span>Para los del ramo textil, entre otros,<span>&nbsp; </span>est&aacute;n las rebajas de enero y julio, a cuyo t&eacute;rmino toca cambio de escaparate. No es el caso de los mercadillos, que son como unos grandes almacenes pero a pie de tierra, toda una gran planta de oportunidades M&aacute;s recatados son los concesionarios de coches.&nbsp;</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3"><span>&nbsp;</span></font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Hay, sin embargo, una lucha sin cuartel que &uacute;ltimamente est&aacute; registrando numerosos da&ntilde;os colaterales entre los usuarios. Me refiero a la competencia entre operadores de telefon&iacute;a, un sector en el que deber&iacute;an poner orden las autoridades, sobre todo <span>&nbsp;</span>en el cap&iacute;tulo relativo a publicidad de las tarifas y servicios de atenci&oacute;n al cliente, un verdadero galimat&iacute;as que, casi siempre, deriva en la protesta del consumidor, con toda la raz&oacute;n del mundo.</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Evidentemente, cuando solo exist&iacute;a una empresa no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que entrar por el aro, si bien la Administraci&oacute;n P&uacute;blica ejerc&iacute;a el papel compensatorio que hoy se concede al mercado. Todos ped&iacute;amos a gritos la libre competencia de ofertas y la entrada de nuevos operadores, como ahora ocurre. Pero, la verdad, ya no sabe uno a qu&eacute; atenerse, porque a veces nos encontramos con los problemas de antes, a&ntilde;adidos al desparpajo de ahora, y con muy escasas ventajas.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Por ejemplo, el que fuera operador &uacute;nico niega ahora determinados servicios (la infraestructura b&aacute;sica para edificios en construcci&oacute;n, por ejemplo) s&oacute;lo en localidades donde sabe que no tiene competencia. En otros casos, dice ofrecer mayor potencia o capacidad de conexi&oacute;n a internet, cuando en realidad no puede prestar esa cobertura. Ya no habla, como entonces, de inter&eacute;s social.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Al margen de otras peculiaridades en los procesos de contrataci&oacute;n de servicios (es f&aacute;cil contratar, pero no tanto darse de baja), en todos los casos resulta escandalosa la publicidad que le llega al consumidor, escandalosa por lo confusa y manipuladora. </font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">En las continuas ofertas, la cifra del precio es enorme, mientras que en caracteres diminutos se nos informa que ese precio s&oacute;lo tendr&aacute; vigor dos meses. Para el resto del contrato, ni p&iacute;o, o una letra a&uacute;n m&aacute;s peque&ntilde;a.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3"><span>&nbsp;</span>Raro es el operador cuyo servicio de atenci&oacute;n al cliente sirva para algo, menos a&uacute;n el departamento de quejas, si es que lo tienen. <span>&nbsp;</span>De los departamentos de asistencia t&eacute;cnica, mejor no hablar. Nadie se hace responsable de nada. Las operadoras repiten un soniquete supuestamente cort&eacute;s con el cliente, pero ininteligible, si es que responden operadoras, todas por supuesto de alg&uacute;n extra&ntilde;o pa&iacute;s donde no se habla castellano, o se habla fatal. Lo m&aacute;s f&aacute;cil ser&aacute; que los n&uacute;meros de la compa&ntilde;&iacute;a remitan a otros departamentos mediante una tecla opcional, seg&uacute;n el objeto de la llamada, para que, finalmente, se nos requiera una breve explicaci&oacute;n del problema, antes de que nos dejen con la palabra en la boca. </font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">Falta de respeto, o algo peor si luego te encuentras en la factura servicios que no deseabas. En fin, una calamidad a la que solo puedo responder con el silencio. El de mi tel&eacute;fono, claro.</font></span></p>]]></description>
</item>
<item>
	<title>Canciones de despacho</title>
	<link>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/05/26/canciones-de-despacho</link>
	<comments>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/05/26/canciones-de-despacho#comentarios</comments>
	<pubDate>Mon, 26 May 2008 12:42:05 +0000</pubDate>
	<category>Comentarios</category>
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	<description><![CDATA[<p align="justify"><strong><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span></strong><strong><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span></strong><span style="font-family: Arial"><font size="3"><span>&nbsp;</span>Me ha venido a la cabeza este pensamiento, con una mala sensaci&oacute;n, al o&iacute;r<span>&nbsp; </span><span>&nbsp;</span>una m&uacute;sica de fondo parecida a la que acompa&ntilde;&oacute; los &uacute;ltimos d&iacute;as de mi vecino de despacho, en la habitaci&oacute;n de enfrente. Por un momento me ha distra&iacute;do de lo que hac&iacute;a. He escuchado de nuevo ese pu&ntilde;ado de melod&iacute;as que hace a&ntilde;os dej&eacute; a un lado y ten&iacute;a casi olvidadas, y no he sabido qu&eacute; pensar. Son hermosas canciones que se&ntilde;alaron &eacute;pocas concretas de mi vida y que, recopiladas ahora, marcar&iacute;an un completo recorrido por cincuenta o sesenta a&ntilde;os de la historia de mucha gente. Sin embargo, me han parecido antiguas, como de otro tiempo, cuando no vienen acompa&ntilde;adas de recuerdos concretos, de im&aacute;genes que el tiempo ha tranquilizado para que la mente las pueda retener indefinidamente.&nbsp;</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3"><span>&nbsp;</span></font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">He pensado en esa m&uacute;sica como en la banda sonora individual que cada persona elige para s&iacute; mismo y luego se identifica con episodios aislados que, unidos a ese otro estribillo que aporta nuestra piel, construyen toda una vida y se rememoran cuando &eacute;sta puede estar a punto de finalizar.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Recuerdo c&oacute;mo le miraba a la cara a mi compa&ntilde;ero y ve&iacute;a a una persona que fue contempor&aacute;nea de mi propia existencia, que incluso pudo sentir cosas parecidas a las m&iacute;as y que la m&uacute;sica despu&eacute;s le permiti&oacute; revivir los acontecimientos felices, que como tales, quedaron retenidos en la memoria, anclados a una melod&iacute;a como la sinton&iacute;a que permanece vinculada a la escena de una pel&iacute;cula y ya se nos hace imposible separarlas.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Todos sab&iacute;amos que ese compa&ntilde;ero, vecino de despacho, estaba gravemente enfermo, present&iacute;amos que iba a morir. Resultaba evidente que &eacute;l tambi&eacute;n lo sab&iacute;a y ocultaba su desconsuelo, quiz&aacute;s su resignaci&oacute;n, escuchando esas canciones que, aunque muy bellas, en ese contexto<span>&nbsp; </span>dejaban de ser alegres.</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Ahora es tambi&eacute;n una cinta magnetof&oacute;nica la que suena,<span>&nbsp; </span>como la que &eacute;l <span>&nbsp;</span>pon&iacute;a una y otra vez, subiendo en cada ocasi&oacute;n el volumen del reproductor, como si las dem&aacute;s cosas que le rodeaban significaran ya muy poco, cada vez menos cuando uno se enfrenta al propio destino y no cabe la ayuda ni el consuelo de nadie. En realidad, pienso que no se sent&iacute;a triste. Era otra cosa. Se mostraba ausente en la espera incierta de su final. La mirada, orgullosa y desafiante de a&ntilde;os atr&aacute;s, se hab&iacute;a vuelto perdida. Ya no era una mirada afilada, como tampoco su voz ni sus gestos. Parec&iacute;a como si s&oacute;lo le importara la m&uacute;sica, su m&uacute;sica, donde dorm&iacute;an sus recuerdos y las sensaciones que siempre le acompa&ntilde;ar&iacute;an, incluso m&aacute;s all&aacute; del final.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3"><span>&nbsp;</span>La luminosa habitaci&oacute;n, grande y con vistas al parque, hab&iacute;a languidecido durante esa triste espera, as&iacute; la recuerdo. El, abstra&iacute;do de todo, cada vez pasaba menos tiempo en <span>&nbsp;</span>ella, <span>&nbsp;</span>&uacute;ltimamente <span>&nbsp;</span>apenas <span>&nbsp;</span>sin <span>&nbsp;</span>papeles <span>&nbsp;</span>encima <span>&nbsp;</span>de <span>&nbsp;</span>la <span>&nbsp;</span>mesa. Su presencia parec&iacute;a inadvertida, como si ya no pudiera alterar el paisaje interior de esa oficina. El escritorio ordenado, igual que las mesitas auxiliares, todos los muebles y objetos personales, parec&iacute;an elementos inm&oacute;viles de una decoraci&oacute;n que ya no contaba, por falta de utilidad. Su historia se hab&iacute;a detenido, no pod&iacute;a ser ajena a la escena sombr&iacute;a de una persona aguardando la muerte. Como &eacute;l, tambi&eacute;n se apagaron.&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">A&uacute;n presinti&eacute;ndolo,<span>&nbsp; </span>el desenlace nos pill&oacute; a todos por sorpresa. Luego, ese despacho ha permanecido vac&iacute;o varios meses, un periodo prudencial y de respeto, me han dicho, suficiente como para que pudieran quedar desalojadas las cosas personales de su due&ntilde;o anterior, ya sin valor ni significado. Esa es la costumbre para estos casos.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3"><span>&nbsp;</span>Durante este tiempo, casi nunca ha vuelto a entrar nadie. S&oacute;lo uno de los ayudantes del fallecido, tal vez por la costumbre, se asomaba todav&iacute;a incr&eacute;dulo para cerciorarse de que su jefe no estaba, con la vaga esperanza de que la p&eacute;rdida s&oacute;lo fuera un accidente pasajero. Le echaba de menos, eso era evidente. Juntos comentaban todos los lunes, durante a&ntilde;os, nada m&aacute;s llegar al trabajo, las andanzas del fin de semana y los resultados del f&uacute;tbol. Hasta hace bien poco segu&iacute;a haciendo lo mismo: abr&iacute;a la puerta como siempre, entraba al despacho y echaba un vistazo a todo y, con la mirada nublada, ante la ausencia del amigo, volv&iacute;a a marcharse</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">. </font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">En estos d&iacute;as ha llegado el relevo, el despacho vuelve a tener utilidad y, curiosamente, a esa habitaci&oacute;n vuelve a entrar la luz, ha vuelto a ser una habitaci&oacute;n iluminada. La m&uacute;sica lejana ha pasado a un segundo plano. Ahora suena como un murmullo que apenas distrae mis pensamientos.<span>&nbsp; </span>La irrupci&oacute;n de la primavera, y su explosi&oacute;n luminosa, ha coincidido con la llegada de un nuevo inquilino al despacho. Se trata de una mujer, joven y hermosa, a la que la habitaci&oacute;n ha recibido con orgullo,<span>&nbsp; </span>as&iacute; es el clima que hoy reflejan esas cuatro paredes. La estancia ha vuelto a darle vida a los objetos, el sol ilumina de nuevo todos los rincones, como si la historia empezara de nuevo despu&eacute;s de un punto y aparte, una historia nueva en cada caso, aunque enlazada con la anterior, siempre inacabada. Las manillas del reloj vuelven a marcar el comienzo, un volver a empezar que se repite de forma c&iacute;clica.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">Desde luego, nadie podr&iacute;a decir que las habitaciones carecen de alma, si sus paredes pudieran hablar. </font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">Curiosamente, en este nuevo pasaje de su historia, en el despacho no se echan de menos las canciones de otra &eacute;poca, ya no cuentan. Su m&uacute;sica est&aacute; a&uacute;n por llegar.</font></span></p>]]></description>
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	<title>Luz, taquígrafos y televisión</title>
	<link>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/05/12/luz-taquigrafos-y-television</link>
	<comments>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/05/12/luz-taquigrafos-y-television#comentarios</comments>
	<pubDate>Mon, 12 May 2008 08:35:29 +0000</pubDate>
	<category>General</category>
	<guid>http://elportachuelo.bitacoras.com/archivos/2008/05/12/luz-taquigrafos-y-television</guid>
	<description><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">Desde el principio he dicho que no es una medida acertada retransmitir por televisi&oacute;n los plenos del Ayuntamiento de Ja&eacute;n. Sin embargo, no cabe simplificar la respuesta, y que &eacute;sta sea alineada con los que consideran que se trata de una maniobra pol&iacute;tica, en lugar de un intento bald&iacute;o para mejorar la informaci&oacute;n que recibe el ciudadano sobre los problemas de la ciudad. Entre otras razones, porque si alguien tuvo intenci&oacute;n manipuladora, debe saber que estas retransmisiones le reportar&aacute;n muy pocos r&eacute;ditos y, seguramente, ninguno positivo.</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">En primer lugar, habr&iacute;a que decir que se comete un error al transformar un medio de comunicaci&oacute;n en un mero altavoz de los sucesos locales, cuando las funciones de uno y otro instrumento son diametralmente opuestas. La diferencia <span>&nbsp;</span>radica precisamente en la intervenci&oacute;n decisiva del periodista, que es el encargado de separar la noticia de aquello que no lo es, y en los plenos no todo es noticia. Es m&aacute;s, casi nada lo es en las actuales circunstancias. Se confunde la cantidad informativa con la calidad. Si no hay un periodista para explicarlo, la confusi&oacute;n siempre ser&aacute; mayor. Adem&aacute;s,<span>&nbsp; </span>la extenuaci&oacute;n que producen unos plenos interminables, nunca podr&aacute; contribuir al inter&eacute;s de la gente por los asuntos municipales, raz&oacute;n que deber&iacute;a determinar el prop&oacute;sito de la retransmisi&oacute;n.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">En segundo lugar, se hurta a la audiencia la necesaria aportaci&oacute;n profesional que representa la documentaci&oacute;n de las noticias. Nada o casi nada de lo que se dice en los plenos tiene sentido para la opini&oacute;n p&uacute;blica si no va acompa&ntilde;ado de los datos necesarios que contextualicen los acuerdos. Tampoco contribuir&aacute; a explicar los contenidos la falta de antecedentes y consecuencias de cada decisi&oacute;n, que es la base para la elaboraci&oacute;n de una noticia de inter&eacute;s.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">En ning&uacute;n caso puede ser <span>&nbsp;</span>desde&ntilde;able el argumento relacionado con la propia naturaleza del medio, en este caso audiovisual, por lo repetitivo de las im&aacute;genes servidas, que como tales dejaron hace mucho tiempo de ser noticia.&nbsp;</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3"><span>&nbsp;</span>Es un error, en definitiva, porque en lugar de dar m&aacute;s informaci&oacute;n, se est&aacute; mermando la capacidad del medio. Por si fuera poco, se ofrece a horas en las que a menudo el ciudadano no puede atenderlo (los horarios del<span>&nbsp; </span>telediario no se eligen por casualidad), adem&aacute;s de presentar un formato extremadamente aburrido. Quiero decir que, si alguien piensa que estamos ante una informaci&oacute;n interesada, en estos t&eacute;rminos, el resultado del directo va a ser sin duda contraproducente. La repetici&oacute;n del programa en diferido no har&aacute; sino insistir en el fracaso informativo, al prescindir tambi&eacute;n de la sorpresa.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">En fin, pocos elementos quedar&iacute;an en el haber de la medida, informativamente ninguno. Realmente, los debates pol&iacute;ticos carecen de inter&eacute;s en s&iacute; mismos. Si incluyen insultos y descalificaciones, adem&aacute;s, flaco favor estamos haciendo a la convivencia social.&nbsp;</font></span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">La televisi&oacute;n es una ventana al mundo, reza una definici&oacute;n id&iacute;lica del medio, pero como alguien apunt&oacute; tambi&eacute;n, los postigos de las ventanas, aparte de abrirse siempre desde dentro, a voluntad del propietario, deben abrirse con el prop&oacute;sito de que entre la luz en las mejores condiciones. Y esta de aqu&iacute; es una luz que alumbra poco.</font></span><span style="font-family: Arial"><font size="3">&nbsp;</font></span><span style="font-family: Arial"></span>&nbsp;</p><br /><br />]]></description>
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